Noche de bodas

Abrió la puerta de la habitación en la que dormiríamos esa noche. Entré con cuidado: estaba cansada a pesar de haber dormido un montón de horas durante nuestro viaje y aquel vestido seguía siendo una tortura.

Miré la habitación, era sencilla pero supremamente acogedora. Tenía una cama de madera grande y esponjosa, la puerta para un baño, un clóset y un pequeño escritorio con una silla justo al frente. Estaba oscuro por lo avanzado de la noche, pero lo iluminaba velas pequeñas aromáticas colocadas en sitios estratégicos.

El ambiente era demasiado romántico. Como debería de serlo en la primera noche de bodas.

Pronto caí en cuenta de dónde estaba, con quién estaba y que me esperaba dentro de los próximos minutos. Respiré hondo para disimular mis nervios. Había ido a la guerra, encabezado un ejército entero, había visto hombres morir pero nunca me sentí tan nerviosa como aquella noche.

  • Es hermoso-alcancé a susurrar, verdaderamente admirada por la decoración-

Sentí los brazos de Mark rodeándome la cintura y su barbilla en mi hombro derecho. Sentí cómo aspiraba el aroma de mis cabellos, ya revueltos por el viaje. Me tensé.

  • Lo he mandado a preparar todo. Quiero que todo te parezca perfecto.

Y lo era.

Nunca he sido ni siquiera un poco romántica, es más, jamás pensé en casarme. ¡Ni siquiera en enamorarme! Para mí aquellas cosas eran incomprensibles, pero la habitación lucía tan cómoda, tan familiar. Mark me conocía muy bien.

Me besó el hombro y me tomó de la mano. Entramos del todo y se separó de mí sólo para cerrar la puerta.

¿Qué seguía ahora?

Lo sabía por lo que había leído, por lo que mi nana me había contado, pero no tenía ni idea de que hacer. Ni siquiera sabía cómo sentirme.

Ah pero mi cuerpo si que lo sabía. Mark me miró a los ojos intensamente mientras se acercaba para quedar delante de mí. Me tomó de las manos y me dijo:

  • Estás tan nerviosa como yo antes de una batalla-y eso me hizo sonreír. Me relajé pero no del todo.
  • ¿Y ahora?

Se rió y se acercó más a mí.

  • Te amo Sof, te amo como jamás voy a amar a nadie en este mundo.

Sus ojos brillaban, como cada vez que me lo decía, pero este brillo era ahora más intenso. Vi necesidad en sus ojos, incluso juré que lloraría en algún punto. Lo cierto es que sus ojos eran hermosos. Me concentré en ellos y me hundí.

  • Te amo-susurré con timidez, para que no sonara a mentira, cuando su boca estaba cerca de la mía-

Y me besó, despacio al principio, como siempre. Luego me apretó fuerte contra sí y profundizó el beso.

Si al decirle te amo tuve alguna duda, la olvidé entre sus labios. Jamás me había besado de esa manera. Me necesitaba. Y descubrí que yo a él.

Parecía que mi cuerpo hubiera dejado de obedecerme. Actué automáticamente. Me estremecí en sus brazos cuando sus manos se deslizaron hasta mi espalda baja. Tomamos aire un segundo y continuamos con el apasionado beso.

Nadie, excepto Lucas, me había besado así antes. Aquella corriente eléctrica que recorría mi columna sólo la había sentido cuando me besaba él. Pronto mi mente dejó de estar en blanco y mis pensamientos viajaron hacia Lucas. Y ocurrió.

Me di cuenta que no podía siquiera compararlos. Mi cuerpo estaba en llamas y sólo lo quería más cerca. Deseaba  que Mark continuara. Sus manos rozaron mis brazos y su boca bajó a mi cuello. Exhalé fuertemente cuando aquella corriente me llegó a los muslos.

No podía pensar en Lucas. Sólo existíamos Mark y yo. Entonces cualquier miedo a fracasar aquella noche se disipó. Una alegría enorme me invadió.

¡Podría ser feliz!

No tendría que fingir que sentía lo mismo. En ese preciso instante parecíamos un solo cuerpo. Y cuando Mark me miró a los ojos me llegaron los recuerdos de pronto.

Sus manos desataban los botones ocultos en la parte de atrás de mi vestido. No tenía que hablar, su mirada me gritaba que no sólo me amaba y que era el hombre más feliz del mundo, sino que me deseaba más que nunca.

Yo me perdí en mis pensamientos y recordé cuánto había luchado para que esto no sucediera, cuán mal me había comportado con él y su familia para que no me escogiera. Nunca fingí. Sabía que por cómo era no iban a escogerme. ¿Cómo podría aquel príncipe amar a una muchacha sin gracia, sin habilidades diplomáticas, sin mayor cultura, poco delicada y amante de las armas?.

Pero lo hizo. Se encantó con cada pequeño defecto mío. Cada parte de mí le pareció lo mejor. Jamás fingí y le dejé todo claro. Y esperó y le interesó conocerme en todo aspecto. Y que lo conociera.

De repente sentí la certeza de cuánto lo amaba. Yo que hasta hacia unas horas estaba insegura, sintiendo culpa por no amarlo tan intensamente.  Todos aquellos sentimientos se esfumaron al sentir su boca besando mis hombros desnudos.

Se fue quitando la ropa poco a poco. Yo sólo podía pensar en sus ojos y en sus besos. Quería más contacto.  Me acostó en la cama delicadamente y siguió besándome sobre la ropa interior. Estaba en extásis.

Nada importaba. Sólo eramos él y yo. No había deberes que cumplir, no me sentía obligada. Quería más.

No hubo una noche más feliz que aquella en mi vida.

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