Carta # 550

No sé cuántas cartas he escrito hasta ahora y sinceramente no me importa.

Hoy no es un día especial: no es Navidad, no empieza un nuevo año, no es tu cumpleaños ni el mío… Es un día como cualquier otro, de hecho hoy ha estado todo muy tranquilo, ninguna novedad, nada fuera de lugar ni siquiera hemos tenido alguna visita.

Sólo estoy sentado detrás del escritorio, como siempre, observando como te mueves desde mi ventana. Lo más cómico es que no haces nada digno de describir: estás sentada a unos 30 metros lejos de mí, indicándole a nuestra hija casi adolescente como deshacer un tejido que le ha salido mal. Lo típico. Nada nuevo en la forma como te inclinas hacia ella, en como acomodas tu cabello para que no te estorbe la visión. No es nueva tu sonrisa, ni las arrugas en torno a tus ojos…

Sin embargo no me canso, no me canso de observarte, como si te viera por primera vez. Es que quiero que se quede grabada tu imagen en mi retina, hasta el día en que deje este mundo, hasta el día triste en que mis ojos ya no sean capaces de mirarte.

Eres perfecta.

Cada pequeña parte de ti.

Cada imperfección que no has ganado con el tiempo, esa que maquillas con magia para que tu juventud no te delate.

¡Ay como me duele mi calidad de mortal en estos momentos!

Como duele saber que no podré tenerte por la eternidad, que un día mi vida desaparecerá de este planeta y no existiré… no existiré más.

Te amo como sólo puede hacerlo alguien que sabe que su tiempo aquí es limitado y que debe disfrutarte todo el tiempo que pueda. Te amo como un loco… en cualquiera de tus formas.

No sé que número de carta sea esta, ya dejé de contar hace tiempo.

Sólo quiero reiterar que nuestra vida no puede ser más aburrida en estos momentos: una casa que gobernar, cuentas que vigilar, dos hijos por guiar y dos adultos por los cuales preocuparse y de los cuáles charlar cada cena. Negocios que hacer crecer, gente con la cual reunirnos y socializar… Nada extraño, nada excitante.

Aún así ¡qué perfecto es todo cuando te miro!

Cuando recuerdo que todas las noches voy a quejarme del mundo con la mujer de mi vida. Aquella por la cual luché tanto. Todo aburrimiento se desvanece cuando en las noches te observo a mi lado.

Eres lo mejor que pudo pasarme en esta vida. Te lo juro y para esta carta ya estarás harta de leerlo. Pero es cierto.

No sé que estarás viviendo en estos momentos. No sé que maravillas tenga el mundo cuando mi vida se haya esfumado. Pero permíteme ser egoísta: no creo que alguien te ame como lo hago yo.

Nadie va a amarte como yo te amo y no porque no merezcas ser amada en tal magnitud sino porque allá en el tiempo en que estarás viviendo todo el mundo está seguramente distraído con todo el fruto de la creación humana. Estoy seguro que nadie se sentará como un idiota, como yo, detrás de su escritorio de madera a mirar hacia la ventana y sólo observar lo que pasa fuera, a observarte hacer nada fuera de lo normal como todas las tardes.

Como te digo siempre al final de cada carta:

¡Vive!  Como si no tuvieras todo el tiempo del mundo.

Tuyo

Mark

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