María feliz.

Estábamos comiendo los tres: María se disculpó por el reducido espacio de su apartamento y Marissa  y yo la tranquilizamos.

  • A mí me parece acogedor- opiné sinceramente-

Cambiamos el tema y la conversación siguió hasta el atardecer. Descontamos muy bien todos los meses de ausencia. Es decir, yo iba cada semana (por lo menos) a casa de María a cenar, pero a mi novia no la veía desde el inicio de las vacaciones de invierno.

Mientras María le relataba con gran detalle todas las actividades que se le venían en la semana  yo me sentía al fin en casa. Al término del discurso, y como es ya su costumbre, María se estiró con energía y una enorme sonrisa adornó su rostro.

  • Y eso es lo que hay, hermana mía-exclamó- No te imaginas lo mucho que me alegro de verte la cara. Ya sabes, a mí eso de chatear contigo no me gusta.

Marissa sonrió y extendió delicadamente sus manos hacia las de María y las tomó.

  • Yo también estoy encantada, preciosa. Sé que no habíamos podido hablar mucho en todos estos meses y creéme que te he extrañado un montón. Ahora, quiero hacerte la pregunta de rigor- y vi su rostro serenarse un momento- ¿Eres feliz?

Desde que la conocí desarrollé la costumbre de estar alerta siempre a las expresiones de su rostro y predecir, adivinar, cuasi leer sus pensamientos. Como al principio sus palabras eran tan escasas para mi persona (o para cualquier ser humano común) ésa fue mi estrategia, pero en ese momento no vi venir la pregunta. No parecía lógica dada la sonrisota en la siempre seria y grave cara de María. Además el momento me era tan delicioso que simplemente estaba distraído.

Mi mirada se posó en mi amiga.

  • NUNCA y anótenlo en sus pequeñas y ocupadas agendas, NUNCA en esta vida me había sentido tan FELIZ- nos miró a ambos con ojos chispeantes- Jamás algo que no fueran drogas o un hombre me había hecho tan dichosa…

Sonreí contagiado por el ánimo de María. Sólo una cosa en este mundo me hacía más feliz que verla sonreír: ver sonreír a Marissa. Miré la sutil sonrisa de mi amada y supe que había algo detrás de la pregunta. Como siempre.

  • ¡Qué bien! ¡Qué bien, María!-dijo y apretó las manos de María entre las suyas–

Se miraron por un segundo y Marissa continuó.

  • Pero ten cuidado –le soltó las manos con delicadeza, juntó las suyas y entrelazó sus dedos- La felicidad es un conjunto de momentos no necesariamente continuos. Hoy sientes que vuelas, que literalmente flotas y que nada te puede alcanzar. Pero ojo- hizo una pausa y su mirada se volvió impenetrable- sabes que ese viaje no durará por siempre.

María y yo escuchábamos atentamente, es por eso que no vi la expresión de su rostro.

  • … En este camino hay situaciones que te van a dejar por los suelos, y lo sabes bien María. Sólo quiero que mantengas los pies en la tierra siempre y, si alguna vez el hechizo se rompe, aquí estaremos – y me extendió una mano a mí y otra a ella- para ayudarte a cargar ese peso…

María asintió emocionadísima, pero aunque esos ojos que había visto desde la escuela primaria se llenaron de lágrimas, ni una sola tocó su rostro.

Continuamos charlando una hora más y nos despedimos. Al regresar al bloque de habitaciones del campus universitario dónde se quedaba Marissa, nos detuvimos bajo el viejo cascol, repentinamente en silencio.

  • ¿Sabes? –comencé la pregunta que me taladró la cabeza todo el trayecto- Me dejó pensando eso que le dijiste a María sobre la felicidad…

Ella me miró con sincera interrogación.

  • ¿Qué pasa con eso?- dijo-

Estábamos uno frente al otro, tomados de las manos. Habíamos estado charlando mucho rato de trivialidades sobre el nuevo semestre y se iba a despedir cuando yo lancé la pregunta.

  • ¿Cuántas veces te has sentido así, en ese estado de miseria luego de un vuelo de felicidad?- miré sus ojos brillando con la luz de la lámpara del callejón-

Se hizo un silencio breve y ella bajó la cabeza y dirigió su mirada al pasado.

  • Unas cuantas veces-admitió con seriedad- pero, ya sabes, cada uno vive su miseria individual: la mía era esa ansiedad que me daban las relaciones interpersonales- volvió a mirarme, esta vez divertida y sonrió- Ansiedad que me quitaron ustedes. Miedo que apartaste al final tú…-su sonrisa me quitó el aliento-.

Sonreí aliviado. No quería saber que ella estaba siendo miserable o que realmente hubiera algo fuerte en su pasado que no me había confesado. La miraba pensando en cuánto la amaba cuando me sorprendió con un beso. Segunda cosa que no vi venir.

Amo cuando lo hace. Cuando sin darme tiempo a predecir su nuevo movimiento me sorprende.

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