Las compras de fin de año

Hoy salí con mi familia a hacerlas las compras de fin de año y la vi. No me quedé mirando mucho tiempo, a los pocos segundos moví mis ojos y seguí con la conversación cotidiana con mi mujer. Pero aunque en la superficie supe disimularlo, dentro de mí algo se detuvo.

Ciertamente mi corazón se saltó un latido.

Estaba acompañada de su padre, vestía un vestido corto blanco con un puñado de rosas de colores. Se veía incómoda, como siempre. Se veía hermosa con sus ondas castañas  cayendo por su espalda.

Estábamos en el mismo espacio, después de tantos años de nuestro último encuentro, sin embargo ella no me vio. Al cabo de un rato que me separé de mi esposa pude encontrar ángulos adecuados para observarla detenidamente.

Estaba tal y como en mis más profundos recuerdos: joven y llena de vida, con su caminar acelerado y nervioso, con esas gafas de marco grueso y esa mirada curiosa. Me permití a mí mismo contemplar su belleza sin ser visto.

¡Cómo me emocionó sentirla cerca! Hacía tiempo que no me sentía tan inquieto, tan a la expectativa. La seguí con cuidado por varios minutos, siempre cuidándome de no ser advertido por ella, no quería perturbar su aparente calma mientras comparaba precios metida entre los estantes.

¡Cuántos deseos sentí de abrazarla en aquellos minutos preciosos! De ser parte de su vida… me dejé llevar sólo por esa ocasión y mis sentimientos afloraron por un rato, llenándome de emoción y nostalgia.

La miré hablar con su padre, mirar a las personas con desprecio, como si no quisiera haber salido de casa y encontrarse tan rodeada de desconocidos que bloqueaban su camino. ¡Tan típico de ella!

Siempre tan tímida, siempre corriendo…

Al final se rompió el hechizo y tuve que volver a la realidad que construí sin ella. A mi esposa y a mi hijo que esperaban en algún pasillo. Tuve que volver a encerrar aquellos sentimientos no correspondidos, imposibles. Aquella historia inconclusa y a la vez terminada.

La vi irse con las fundas de la compra, apurada, fastidiada…

¿Me pregunto que habría hecho si me hubiese descubierto?

La conozco tan bien que sé que se hubiera asustado y hubiera caminado hacia el lado opuesto. Sé que se habría emocionado como yo, sin embargo habría apurado aún más el paso para poner tanta distancia como fuera posible de mí.

Incluso me atrevo a pensar que ella también sintió mi presencia. Puedo afirmar que secretamente me evita cada vez que sale de la fortaleza que es su hogar. Es capaz de sentirme como yo la siento, estoy seguro.

Pero nada de eso importa.

La vida nos reunió una vez y todo se enredó de tal manera que yo terminé casado y ella a cientos de kilómetros.

Me digo a mi mismo que nada hubiera ocurrido diferente, que simplemente no se pudo en esta vida.

Al final me marché del lugar cargado de compras y con una falsa expresión de molestia. Mi esposa sabe cuánto odio las compras en las festividades, sin embargo dentro de mí una sonrisa luchaba por salir a la luz.

La vi hoy después de tantos años y eso le gana a cualquier disgusto de fin de año.

La vi con su vestido de flores y su caminar acelerado y juro que en alguna parte de su mente ella me vio también.

 

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