Una noche de tantas.

Estaba en casa al fin, después de tanto quejarse por meses enteros de lo poco que veía a su familia,  allí estaba sana y salva en la comodidad de su hogar.

No tenía que preocuparse por qué comería en la merienda o si tenía que dejar la cocina limpia antes de irse a la cama. Su madre le había proporcionado todos los abrazos que pudo querer en la semana y los comentarios de su padre y hermanos le habían sacado más de una sonrisa en las largas sobremesas.

Pero en ese preciso momento ella quería estar en otro lugar. Si, no habían pasado ni 24 horas y ya quería irse.

Poco tenía que ver con la compañía de sus seres queridos: los amaba tanto como siempre los había amado. Algo en ella sólo quería correr, largarse de allí…

Le faltaba la respiración ahí, acostada en su cama como estaba. Se sentó, se levantó e incluso caminó por la habitación. Nada parecía calmar su ansiedad. Al final se echó al suelo y contempló el blanco techo. Respiraba entrecortadamente.

Dolía, como si la estuvieran apuñalando.

De hecho, sentía tanto dolor que sólo deseaba que algo le cayera encima, que la atropellara un auto, que la partiera un rayo… Quería correr, irse, pero estaba presa en aquellas paredes color cielo.

Presa de la fortaleza que era su casa, presa de su propio cuerpo, de su cerebro que no parecía callarse, que escupía 100 pensamientos pos segundo.

Ni siquiera podía llorar para aliviar la angustia.

Estando allí en el suelo le llegó el sonido de una canción de rock conocida, poco después escuchó las risa de los vecinos y sus invitados. Todos cantaban con una sola voz y chocaban sus vasos, celebraban. Oía la felicidad retumbando en sus paredes, envolviéndola sin tocarla, como si le coqueteara.

Deseó ser parte de aquel grupo… ¡se escuchaban tan felices! Conectando entre ellos, comiendo, bebiendo, sentados (probablemente) escuchando la música que querían…

Y de pronto sólo quiso ser otra, tener otra  vida, otras amistades… Quiso realmente haberse quedado…¡tantas cosas serían diferentes!

Se imaginó por un instante lo que sería no estar dividida en medio de dos mundos, como sería tener una relación amorosa normal, sin distancias molestas, con tiempo para las amistades comunes, con salidas a comer y a beber…¡con personas diferentes y gustos parecidos!

De pronto sintió que se hundía en la cerámica, sintió como el peso del universo entero la aplastara. Otra vez se quedó sin respiración, sentía como si estuviera en el fondo del mar…

Su cerebro iba a mil por hora y parecía que su cabeza estallaría en pedacitos en cualquier momento. Se arrastró hacia la cama y decidió que tendría que dormir: últimamente dormía mucho y soñaba. Y mientras estaba dormida no se angustiaba, todo era paz.

11/2016

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