Mario

Era Mario un estudiante de ciencias cuando lo conocí en una de las integraciones de la universidad. Yo como estudiante de filosofía, liberal declarada y curiosa, me vi atraída por los rumores que pululaban por entre los estudiantes excitados por la música y el alcohol.

Era atractivo: buena estatura, cabello corto naturalmente despeinado, espalda y piernas fuertes pese a su contextura delgada. Sus ojos se escondían debajo de unos lentes de marco grueso que le daban un aire de intelectualidad bien justificada por los rumores.

No había advertido su  existencia  hasta que oí los murmullos de la gente que pasaba a mi lado. Unos comentaban que era un genio y otros que era un idiota. Pero en lo que todos coincidían era en lo extraño que  un tipo como él estuviera en una fiesta universitaria. Entonces me picó la curiosidad y a falta de algo mejor que hacer decidí dirigirme hacia donde estaba el tipo misterioso.

Estaba sentado cerca de la entrada del lugar, en unos asientos de piedra blanca mirando sin ver  a la muchedumbre que seguía aumentando cada minuto. Me quedé lo suficientemente cerca para mirarlo sin que se diera cuenta. Nunca se me ocurrió acercarme a hablarle hasta que mi mejor amiga me dio, sin querer, el último empujón hacia el misterio:

– Yo sé quién es el tipo-me dijo-mi hermana está cursando el primer nivel de su carrera  y me ha hablado un par de veces de él. Es verdaderamente brillante, le da clases a ella, es capitán del equipo de informática, matemáticas y física aplicada. Trabaja en las investigaciones de uno de sus maestros y ya ha dado su quinta conferencia. Por lo que he oído no disfruta de la compañía de otros seres humanos, me han contado que es muy extraño y prefiere cenar solo cuándo la cafetería está prácticamente vacía- lo miraba frunciendo el entrecejo- Su presencia en este lugar me pone muy incómoda-.

Mi mejor amiga ya estaba mareada, se tomó el shot de lo que sea que estuviera bebiendo y volvió la mirada hacia mí.

– Oh.  Veo que esa pobre alma del Señor ha captado tu atención. –Rió- Vas a necesitar un trago, iré por uno, no te muevas.

La vi alejarse medio tambaleando hacia la barra.  Sabía  que no regresaría en un buen rato, no me molesté en esperarla y me decidí a hablar con aquel peculiar personaje.

No tenía ni idea que esa noche sería el comienzo de una relación intensa, de la cual no me recuperaría sino después de años y mucho alcohol. Sin embargo, no me arrepiento de haber caminado en dirección a Mario esa noche, hay cosas que solo pasan una vez en la vida y hay solo hay una cantidad limitada de personas especiales que puedes conocer en este mundo.

Lo prometo

No escribo todos los días ni soy excelente redactando ni  estructurando texto. No he leído ni 100 libros en toda mi vida y nunca he terminado de escribir una novela. No soy una gran oradora, ni gran conversadora, escribo y amo las palabras pero sería hipócrita de mi parte llamarme a mí misma “escritora”.

Sin embargo si hay algo que sí soy es madre y creadora. Madre porque he dado vida a cientos de criaturas dentro de mi mente: las he alimentado, las he visto crecer, ser miserables, dichosas, testarudas, perseverantes, perezosas, orgullosas, idiotas e ignorantes. Las he visto marcharse también, con la rapidez con la que aparecieron.  Y creadora porque he construido mundos,  sociedades y contextos vastos y complejos, cotidianos y aburridos en los que puedan ser. Lo he hecho desde que puedo recordar.

No lo controlo, es como si mi cerebro tuviera la necesidad que crear una nueva forma de entretenimiento, muchas veces superior al internet, la televisión e incluso los libros.

Tal vez tengo algún trastorno mental, tal vez estoy al filo de la locura. La influencia de estas ficciones superan los límites del pensamiento y la imaginación; a veces se toman mi cuerpo y mi voz. He crecido con ello y he aprendido a dejar que ocurran, a ser directora, actriz y espectadora de estas historias.

Realmente es algo que he disfrutado por muchos años y es la razón por la cual me aventuré a escribir. Pero hay un problema con estos mundos y personajes que nacen y mueren dentro de mí: son caprichosos y egoístas, no se dejan dominar, al parecer odian la idea de hacerse papel, de hacerse reales…

Y entonces soy presa de la angustia por ser incapaz de seguirles el paso, de contar sus experiencias, sus ideas, su forma de vida y el hábitat en el que se desenvuelven. No puedo y es extremadamente frustrante y a la vez deprimente porque mi  memoria es frágil y he olvidado ya muchas de estas historias…

Esta noche he sentido la necesidad de honrar a todos aquellos personajes  que inventé y que ya no recuerdo… Tengan por seguro, hijos míos, que me divertí mucho con uds. Y que guardo la esperanza  que algún día muchos más sean testigos de las maravillas que veo y oigo dentro de mí.  Sepan que me siento de algún modo una esclava que no tiene otra opción que servirles de  terreno en dónde pueden brotar con seguridad y sin prejuicio alguno.

A pesar de esto no me rindo. Soy fiel creyente que el escritor se hace precisamente escribiendo y voy a esforzarme para estar a la altura y  ser capaz de contar sus aventuras tal y como sucedieron.

Lo prometo.

La maza

Si no creyera en la locura
de la garganta del sinsonte
si no creyera que en el monte
se esconde el trino y la pavura.

Si no creyera en la balanza
en la razón del equilibrio
si no creyera en el delirio
si no creyera en la esperanza.

Si no creyera en lo que agencio
si no creyera en mi camino
si no creyera en mi sonido 
si no creyera en mi silencio.

¡Qué cosa fuera!
que cosa fuera la maza sin cantera
un amasijo hecho de cuerdas y tendones
un revoltijo de carne con madera
un instrumento sin mejores resplandores
que lucecitas montadas para escena
que cosa fuera -corazón- que cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera
un testaferro del traidor de los aplausos
un servidor de pasado en copa nueva
un eternizador de dioses del ocaso
júbilo hervido con trapo y lentejuela

que cosa fuera -corazón- que cosa fuera

que cosa fuera la maza sin cantera
que cosa fuera -corazon- que cosa fuera
que cosa fuera la maza sin cantera.

Si no creyera en lo más duro
si no creyera en el deseo
si no creyera en lo que creo
si no creyera en algo puro.

Si no creyera en cada herida
si no creyera en la que ronde
si no creyera en lo que esconde
hacerse hermano de la vida.

Si no creyera en quien me escucha
si no creyera en lo que duele
si no creyera en lo que queda
si no creyera en lo que lucha.
¡Qué cosa fuera…!

Por Silvio Rodríguez.

 

La sorpresa de la mañana

Eran aproximadamente las 11 de la mañana cuando Sergio abrió con el pie la puerta de su habitación. En sus brazos tenía a su compañera de apartamento-y ex novia-, envuelta en una sábana, profundamente dormida. No le importaba que hubiera escuchado ruido fuera, ni ser consciente que sus amigos estaban despiertos y deambulando por los alrededores, él tenía que devolver a Julia a su habitación mientras estuviera dormida. Era una cuestión de vida o muerte.

 

Ignoró las miradas de sorpresa y enojo de las visitas al salir de su cuarto y entrar al de Julia. Sólo cuando ya la hubo dejado en su propia cama y se hubiese asegurado que aún dormía, se le formó un nudo en el estomago y se atrevió  a salir cerrando la puerta suavemente.

¡Cuánto necesitaba un café!

– Sergio… ¡¿Qué carajo acabo de ver?!- exclamó Gabriela  desde la cocina visiblemente espantada.

Había despertado hacía unas dos horas muerta de hambre y con ella  su novio. Durmieron en un colchón en medio de la sala del departamento de Julia. La noche anterior habían celebrado, comido y bebido hasta muy de madrugada, sin embargo no había fuerza que parara su reloj biológico, tan acostumbrado a su propia rutina mañanera. Estaba en medio de la preparación del desayuno/almuerzo, sirviéndole una taza de café a su amado cuando vio aquella aberración suceder ante sus ojos.

– Necesito un café-suspiró Sergio y se acercó a la cocina arrastrando los pies-

Todos los demás estaban como piedras, incluso Clara, quien siempre parecía tener una explicación para todo se limitó a mirarlo en silencio y con los ojos como platos.

Clara ya estaba despierta desde antes que Gabriela, Alberto la encontró leyendo el periódico entre mantas en el sofá.

– Se han ido juntos esta mañana- le había contado Clara sonriendo a Alberto – Hace mucho que no se escapan los dos solos a disfrutar de un fin de semana en la playa.

-¿Pero así de la nada?-dijo Alberto con asombro- Marco no es de hacer cosas como esas…

– ¡Es cierto!-exclamó Clara- Pero ya sabes el efecto que tiene Regina en él. La verdad es que me alegro mucho por ellos… Julia me ha contado que están pasando por momentos complicados en sus carreras y casi no tienen tiempo para verse- se le salió un suspiro de repente-  Ya quisiera yo tener a alguien con quien complicarme…

– Ya lo hallarás Clara- dijo Alberto mientras estiraba la mano para agarrar la taza de café que le había preparado Gabriela- Gracias am…-y su agradecimiento fue interrumpido por el traslado de un cuerpo durmiente de un cuarto a otro.

– Explicate!-demandó Gabriela-

– Nada pasó – dijo Sergio haciendo una mueca ante el sabor del café- si lo que te preocupa es que nos hayamos acostado… pues no, solo dormimos juntos- hizo una pausa para mirar a su alrededor en busca del tazón del azúcar- Aunque si nos besamos antes… ¡Ouch! ¡Gaby!….-se quejó de dolor ante el golpe de Gabriela con la cuchara de palo-

– Eres un cerdo-le dijo- te aprovechaste que estaba ebria. ¡Claro! Quieres arruinar las cosas ahora que está feliz con alguien más.

Sergio dejó de revolver el café y la miró con fastidio.

– Fue ella la que me besó y ya te dije que nada más pasó. Estaba ebria, estábamos conversando y decidimos que ya era hora de dormir. Yo me estaba metiendo a mi cuarto y ella me siguió, me abrazó y me besó…

– Y tu no la detuviste-respondió Gabriela indignada-

– ¡También estaba ebrio!-se defendió Sergio- Lo último que recuerdo es que nos fuimos a la cama juntos y esta mañana amaneció dormida a mi lado. Te juro que no pasó nada más. No hubiera dejado que pasara nada más, aunque no me creas la respeto.

Alberto despertó del trance de la sorpresa e intentó calmar a su novia que parecía querer caerle encima a su amigo.

– Calma ¿si?-le dijo- lo importante es que Julia está dormida en su cama ahora y con la ayuda de los dioses no se acordará de nada de lo que pasó anoche.

– Ojalá porque si se llega a acordar…-Clara caminó hacia el mesón de la cocina para unirse a la conversación- la conozco, va a sentirse mal y su relación se va a arruinar y no vale la pena…

– Exacto- terminó Sergio- No vale la pena que una relación tan buena como la que tiene se arruine por algo tan sin importancia….-probó su café nuevamente y siguió bebiéndolo satisfecho-.

– Ni una palabra de esto nunca a Julia ¿entendieron?-dijo Gabriela – Eso nunca pasó.

– Como sea-respondió Sergio saliendo de la cocina rumbo a la sala- Todo esto es una tontería.

– ¡Cómo va a pensar que es una tontería!- le susurró Gabriela a su novio- ¡Julia se casa mañana! No podemos permitir que algo como eso lo arruine todo. Ya bastante daño le ha hecho como para que ahora ella se sienta culpable por haberlo besado. Siempre pensé que era una mala idea que siguieran viviendo juntos….

– Bueno, ya pasó, ahora apura esa lasagna que muero de hambre-Alberto le dio un beso en la cabeza y salió de su camino para dejarla cocinar-

Gabriela continuó cocinando, rogando para que Julia no recordara nada.  Clara leyendo unos mails, suspirando para sí ante su inexistente vida amorosa.  Alberto fue a darse una ducha, impaciente por conocer los reales detalles de lo sucedido. Sergio, pensativo bebiendo su café en el balcón.

Ninguno se imaginaba que Julia estaba justo detrás de la puerta de su cuarto, pensando como fingir que no se acordaba de nada, que todo estaba bien y que era la novia más feliz del mundo.