La sorpresa de la mañana

Eran aproximadamente las 11 de la mañana cuando Sergio abrió con el pie la puerta de su habitación. En sus brazos tenía a su compañera de apartamento-y ex novia-, envuelta en una sábana, profundamente dormida. No le importaba que hubiera escuchado ruido fuera, ni ser consciente que sus amigos estaban despiertos y deambulando por los alrededores, él tenía que devolver a Julia a su habitación mientras estuviera dormida. Era una cuestión de vida o muerte.

 

Ignoró las miradas de sorpresa y enojo de las visitas al salir de su cuarto y entrar al de Julia. Sólo cuando ya la hubo dejado en su propia cama y se hubiese asegurado que aún dormía, se le formó un nudo en el estomago y se atrevió  a salir cerrando la puerta suavemente.

¡Cuánto necesitaba un café!

– Sergio… ¡¿Qué carajo acabo de ver?!- exclamó Gabriela  desde la cocina visiblemente espantada.

Había despertado hacía unas dos horas muerta de hambre y con ella  su novio. Durmieron en un colchón en medio de la sala del departamento de Julia. La noche anterior habían celebrado, comido y bebido hasta muy de madrugada, sin embargo no había fuerza que parara su reloj biológico, tan acostumbrado a su propia rutina mañanera. Estaba en medio de la preparación del desayuno/almuerzo, sirviéndole una taza de café a su amado cuando vio aquella aberración suceder ante sus ojos.

– Necesito un café-suspiró Sergio y se acercó a la cocina arrastrando los pies-

Todos los demás estaban como piedras, incluso Clara, quien siempre parecía tener una explicación para todo se limitó a mirarlo en silencio y con los ojos como platos.

Clara ya estaba despierta desde antes que Gabriela, Alberto la encontró leyendo el periódico entre mantas en el sofá.

– Se han ido juntos esta mañana- le había contado Clara sonriendo a Alberto – Hace mucho que no se escapan los dos solos a disfrutar de un fin de semana en la playa.

-¿Pero así de la nada?-dijo Alberto con asombro- Marco no es de hacer cosas como esas…

– ¡Es cierto!-exclamó Clara- Pero ya sabes el efecto que tiene Regina en él. La verdad es que me alegro mucho por ellos… Julia me ha contado que están pasando por momentos complicados en sus carreras y casi no tienen tiempo para verse- se le salió un suspiro de repente-  Ya quisiera yo tener a alguien con quien complicarme…

– Ya lo hallarás Clara- dijo Alberto mientras estiraba la mano para agarrar la taza de café que le había preparado Gabriela- Gracias am…-y su agradecimiento fue interrumpido por el traslado de un cuerpo durmiente de un cuarto a otro.

– Explicate!-demandó Gabriela-

– Nada pasó – dijo Sergio haciendo una mueca ante el sabor del café- si lo que te preocupa es que nos hayamos acostado… pues no, solo dormimos juntos- hizo una pausa para mirar a su alrededor en busca del tazón del azúcar- Aunque si nos besamos antes… ¡Ouch! ¡Gaby!….-se quejó de dolor ante el golpe de Gabriela con la cuchara de palo-

– Eres un cerdo-le dijo- te aprovechaste que estaba ebria. ¡Claro! Quieres arruinar las cosas ahora que está feliz con alguien más.

Sergio dejó de revolver el café y la miró con fastidio.

– Fue ella la que me besó y ya te dije que nada más pasó. Estaba ebria, estábamos conversando y decidimos que ya era hora de dormir. Yo me estaba metiendo a mi cuarto y ella me siguió, me abrazó y me besó…

– Y tu no la detuviste-respondió Gabriela indignada-

– ¡También estaba ebrio!-se defendió Sergio- Lo último que recuerdo es que nos fuimos a la cama juntos y esta mañana amaneció dormida a mi lado. Te juro que no pasó nada más. No hubiera dejado que pasara nada más, aunque no me creas la respeto.

Alberto despertó del trance de la sorpresa e intentó calmar a su novia que parecía querer caerle encima a su amigo.

– Calma ¿si?-le dijo- lo importante es que Julia está dormida en su cama ahora y con la ayuda de los dioses no se acordará de nada de lo que pasó anoche.

– Ojalá porque si se llega a acordar…-Clara caminó hacia el mesón de la cocina para unirse a la conversación- la conozco, va a sentirse mal y su relación se va a arruinar y no vale la pena…

– Exacto- terminó Sergio- No vale la pena que una relación tan buena como la que tiene se arruine por algo tan sin importancia….-probó su café nuevamente y siguió bebiéndolo satisfecho-.

– Ni una palabra de esto nunca a Julia ¿entendieron?-dijo Gabriela – Eso nunca pasó.

– Como sea-respondió Sergio saliendo de la cocina rumbo a la sala- Todo esto es una tontería.

– ¡Cómo va a pensar que es una tontería!- le susurró Gabriela a su novio- ¡Julia se casa mañana! No podemos permitir que algo como eso lo arruine todo. Ya bastante daño le ha hecho como para que ahora ella se sienta culpable por haberlo besado. Siempre pensé que era una mala idea que siguieran viviendo juntos….

– Bueno, ya pasó, ahora apura esa lasagna que muero de hambre-Alberto le dio un beso en la cabeza y salió de su camino para dejarla cocinar-

Gabriela continuó cocinando, rogando para que Julia no recordara nada.  Clara leyendo unos mails, suspirando para sí ante su inexistente vida amorosa.  Alberto fue a darse una ducha, impaciente por conocer los reales detalles de lo sucedido. Sergio, pensativo bebiendo su café en el balcón.

Ninguno se imaginaba que Julia estaba justo detrás de la puerta de su cuarto, pensando como fingir que no se acordaba de nada, que todo estaba bien y que era la novia más feliz del mundo.

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