Lo prometo

No escribo todos los días ni soy excelente redactando ni  estructurando texto. No he leído ni 100 libros en toda mi vida y nunca he terminado de escribir una novela. No soy una gran oradora, ni gran conversadora, escribo y amo las palabras pero sería hipócrita de mi parte llamarme a mí misma “escritora”.

Sin embargo si hay algo que sí soy es madre y creadora. Madre porque he dado vida a cientos de criaturas dentro de mi mente: las he alimentado, las he visto crecer, ser miserables, dichosas, testarudas, perseverantes, perezosas, orgullosas, idiotas e ignorantes. Las he visto marcharse también, con la rapidez con la que aparecieron.  Y creadora porque he construido mundos,  sociedades y contextos vastos y complejos, cotidianos y aburridos en los que puedan ser. Lo he hecho desde que puedo recordar.

No lo controlo, es como si mi cerebro tuviera la necesidad que crear una nueva forma de entretenimiento, muchas veces superior al internet, la televisión e incluso los libros.

Tal vez tengo algún trastorno mental, tal vez estoy al filo de la locura. La influencia de estas ficciones superan los límites del pensamiento y la imaginación; a veces se toman mi cuerpo y mi voz. He crecido con ello y he aprendido a dejar que ocurran, a ser directora, actriz y espectadora de estas historias.

Realmente es algo que he disfrutado por muchos años y es la razón por la cual me aventuré a escribir. Pero hay un problema con estos mundos y personajes que nacen y mueren dentro de mí: son caprichosos y egoístas, no se dejan dominar, al parecer odian la idea de hacerse papel, de hacerse reales…

Y entonces soy presa de la angustia por ser incapaz de seguirles el paso, de contar sus experiencias, sus ideas, su forma de vida y el hábitat en el que se desenvuelven. No puedo y es extremadamente frustrante y a la vez deprimente porque mi  memoria es frágil y he olvidado ya muchas de estas historias…

Esta noche he sentido la necesidad de honrar a todos aquellos personajes  que inventé y que ya no recuerdo… Tengan por seguro, hijos míos, que me divertí mucho con uds. Y que guardo la esperanza  que algún día muchos más sean testigos de las maravillas que veo y oigo dentro de mí.  Sepan que me siento de algún modo una esclava que no tiene otra opción que servirles de  terreno en dónde pueden brotar con seguridad y sin prejuicio alguno.

A pesar de esto no me rindo. Soy fiel creyente que el escritor se hace precisamente escribiendo y voy a esforzarme para estar a la altura y  ser capaz de contar sus aventuras tal y como sucedieron.

Lo prometo.

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