Sábado por la noche

Desde el rincón donde se había ido a esconder, Hugo se preguntó una vez más porque había  accedido a ir. No era su tipo de lugar, ni su tipo de música… y no le caía bien a la gente y viceversa, tampoco disfrutaba de beber o bailar, no le veía sentido a la “cacería” de mujeres para divertirse.

Al menos no del tipo que pretendían los hombres corrientes.

Una de las razones por las cuales decidió salir de fiesta era, por ejemplo, no volverse loco en las cuatro paredes de su diminuto apartamento, con esto se evitaba los molestos pensamientos que se supone que aparecen en tu mente cuando estás ocioso.

En otras palabras, había salido de su casa solo para no tener que lidiar con sus deseos de acabar con alguna vida.

Matar, de eso seguramente tendría muchas ganas de haberse quedado en casa. Aunque no es que sus ansías se hubiesen mitigado del todo, pero al menos no podría hacer nada teniendo tantas personas alrededor.

La universidad estaba sembrando una ansiedad constante en él y aquello era preocupante. Su ánimo debía de estar siempre estable, sin muchas bajas ni muchas altas porque en el desbalance está el descontrol y  su descontrol hacía daño.

La otra razón, relacionada mucho a la anterior, era que debía probar cosas nuevas, conocer a sus compañeros, relacionarse de alguna manera. Ya era muy solitario en el día a día, incluso creía que hasta sombrío y aunque eso le daba paz en muchas ocasiones, secretamente también le frustraba.

El compañero con el que había llegado era también un introvertido con deseos de dejar de serlo. Parecía buena persona, algo tonto pero con intenciones positivas.

Nos vamos a divertir le había dicho esta noche consigo algo, seguro.

Le había hablado de lo que había escuchado de aquellas fiestas y que era la oportunidad perfecta para crear recuerdos de los cuáles hablar por los pasillos antes de las clases. Pero Hugo no estaba seguro de ello, pero llegó a la conclusión que si bien la idea de ir no le beneficiaba, tampoco le perjudicaría.

Se dedicó a observar atentamente a la gente y su lenguaje no verbal. Jamás había visto a la gente tan visceral como en ese momento. Bailaban de manera sexual, gesticulaban mucho al hablar groserías y sus risas podrían despertar a media ciudad. Escuchó una conversación a su lado y disecando entre los temas superficiales halló temas interesantes, temas profundos, reales… y cuando creyó que se estaba equivocando, que tal vez se podría entretener con ellos y “crear recuerdos” las palabras se quedaron estancadas en su garganta y algo paralizó sus músculos.

No sabía cómo integrarse a ningún grupo. Se llamó a sí mismo un inepto social y se preguntó seriamente si esa era otra cereza en el cóctel de problemas conductuales que convivían dentro de sí. Envidiaba lo fácil que lo hacían ver todos. Y no fue hasta que Roberto, el compañero con el que había llegado, se le acercó con aliento a alcohol, le ofreció un vaso y le confesó lo feliz que estaba en ese lugar, lo bien que se la estaba pasando y la cantidad de personas que estaba conociendo y lo animó a que fuera con él que lo entendió.  Roberto no había hecho otra cosa que ir a la barra a beber, pasearse cerca de las personas más  “populares”, bailar solo y hacer chistes malos que nadie entendía y de los que nadie se reía. Entonces comprendió la importancia del vaso que  tenía en su mano.

Era el alcohol lo que los unía, el alcohol los hacía menos cobardes, más atrevidos y elocuentes. Por eso parecía tan fácil entrar en conversaciones con gente que en el día a día ni te miraría.

Era el alcohol lo que sostenía a aquella fiesta.

Los sostenía a todos.

Hugo por estar sobrio parecía estarse perdiendo del mejor lugar del mundo.

Se rió en silencio al pensar en la ironía de todo eso. Se encontraban en una época que les permitía ser todo lo libre que quisieran y aun así la única manera de serlo, de ser reales, relajarse y conectar con los otros era encadenándose al alcohol.

No tenía ganas de beber, no iba a hacerlo. Y a pesar que una parte de sí mismo se sintió aliviado al saber que no era el único incómodo, el sentimiento de soledad creció en él haciéndole creer que todos se alejaban, cómo si se estuvieran haciendo más grandes o él más pequeño.

Hizo caso omiso de Roberto y se quedó sentado en su rincón toda la noche, mientras se aseguraba de que no se hiciera daño, desde lejos claro. Al fin y al cabo no era un mal tipo e incluso se había acercado a él intentando que fueran colegas, tenía que darle crédito por eso.

Se sentía invisible y en realidad no pudo discernir si aquello era bueno o malo. Tuvo ganas de irse, pero estaba convencido que lo mejor era quedarse y hacer su buena acción del mes llevando al pobre Roberto a su casa luego de la fiesta.

Lo  que Hugo no sabía era que estaba siendo observado atentamente a través de los lentes de una mujer mientras bebía. Estaba tremendamente intrigada por su presencia en aquel lugar, pero no se atrevía a acercarse. No era su amiga, solo lo había visto en los pasillos antes de las clases. Era fascinante mirar como no hacía nada y sostenía su vaso lleno. Seguramente su bebida ya estaría caliente y asquerosa. Se preguntó porque no la tomaba.

Luego algo le hizo cuestionarse porque ella sí lo hacía.

Se había aburrido en el momento que su mejor amiga se había desaparecido con un chico desconocido. No era de sorprenderse: siempre la invitaba para dejarla sola. Y ella aun era demasiado tímida como para bailar con alguien…Le hacían falta dos o tres vasos más.

Pero no bebió más, en vez de eso, cuando se cansó de mirarlo se sentó en el césped y posteriormente se acostó mirando al cielo sin estrellas. Escuchaba a la gente pasar e incluso comentar por lo bajo lo feo que era ver a la gente emborracharse y hacer el rídiculo, refiriéndose a ella, por supuesto. Pero obviamente estaban equivocados.

Pronto llegó su amiga, sin nada de labial arrastrando a aquel muchacho que parecía estar en otro universo. Su amiga rió y comentó lo buena que estaba la fiesta y que tenía mucha hambre. Que sería mejor que fueran a comer.

Se levantaron y al salir ella lo vio por última vez esa noche y para su sorpresa la miró de vuelta. Una mirada que no la dejó dormir aquella noche.

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La rutina de la semana

Alejandra se puso de pie con dificultad, estaba un poco mareada y le picaban los ojos.  Se acomodó la blusa y se alisó la falda del colegio. A su lado estaban dos de sus mejores amigas, dormidas una a lado de la otra, inconscientes del paso del tiempo. Ella estaría así de no ser por la alarma que había fijado previamente en su celular. Miró a su alrededor y solo quedaban aproximadamente diez personas entre la sala y la cocina.

Caminó lentamente por la sala, esquivando a más durmientes y vio a dos tipos a los que no identificó tirados en el piso justo frente a la puerta del baño. Pasó entre ellos, entró y cerró la puerta. Al encender la luz miró su reflejo en el espejo: sus ojos ya no estaban rojos pero lucía como si la hubieran golpeado; tenía marcas en la cara producto de la mala posición en la que había dormido y sus ojeras, negras y profundas, la hacían lucir más que cansada, enferma. Su cabello liso, que tenía recogido, era un desastre. Se lavó la cara y se acomodó el cabello. No había papel higiénico pero tenía una servilleta en el bolso así que orinó sin sentarse en la taza.

Al salir, sin querer pisó la mano de uno de los tipos pero éste ni se movió. Dio un último vistazo al lugar, tratando de recordar si se le olvidaba algo importante. Con dificultad hizo una lista mental de todos los objetos en su bolso y lo revisó rápidamente.

Cuando encontró todo en orden dio medio vuelta pero sintió una mano que la tomó por el hombro y la detuvo.

– Prima, ¿dónde vas?- dijo el hombre con voz ronca-

– A casa primo-respondió Alejandra-

– ¿A casa?- la miró confundido- Pero si es temprano y la estamos pasando bien- al terminar la frase sorbió por la nariz, claramente congestionada-

Alejandra, sin decir palabra,  le mostró la hora en su reloj y sonrió al ver la cara de espanto del hombre.

– Chutaaa primaa, cierto es que te tienes que ir- le soltó y acto seguido tosió- Tienes que irte a tu casa ya, salúdame a la tía- se despidieron con un choque de puños, retrocedió y se dio la vuelta para patear a uno de los tipos tirados en el suelo-  Jajajaja estos hijueputas se hacen mierda rapidito…

La muchacha salió de la casa y los últimos rayos de sol le lastimaron los ojos. Caminó por el estrecho callejón hasta la calle principal y esperó en la esquina del semáforo a que pasara el bus. Vivía a 8 cuadras, pero era preferible que llegara en bus, así nadie podría estar seguro de  por dónde había llegado.

Luego de soportar el olor humano concentrado dentro del transporte, lleno debido a la hora pico, se bajó, buscó la llave de la puerta de su casa y entró.

Sus hermanitos menores vegetaban en el sofá viendo algún programa en la televisión, podía escuchar a su hermana escuchando música en la computadora de su habitación. Todo parecía estar correcto.

Dio un beso en cada mejilla de los gemelos, quienes rechazaron el contacto porque les quitó unos segundos de su programa, le gritó a su hermana que ya estaba en casa y dejó su mochila en una silla del comedor. El dolor de cabeza estaba empezando, tal vez sería mejor que se diera una ducha antes de que llegara su madre.

Pero lo pensó un poco tarde pues su mamá llegó unos momentos después.

La mujer cargaba un par de bolsas aparte de su bolso. Le pidió ayuda a los niños quienes la ignoraron por un momento y luego de un grito de reprimenda  lo hicieron. Parecía agitada   porque cansada siempre estaba. Alejandra la escuchó llamarla desde su habitación y le respondió que estaba a punto de entrar a la ducha.

– Está bien cariño, he traído pollo asado para merendar

– Estoy muy cansada mamá, me baño y me quedo dormida.

Gritándole a los gemelos y ordenándole a su otra hija que fuera a lavarse las manos para comer, la mujer le contestó sin pensar:

– Bueno amor- y siguió en sus tareas-

Luego de escuchar eso Alejandra se metió al baño y sacó de un lado de su brasier una funda pequeña que contenía un polvo blanco. Se miró al espejo antes de inhalar.

El dolor de cabeza se fue y ella se metió en la ducha.

Las mañanas del rey

Si había algo que le agradara a  Guillermo era la sensación de libertad que le provocaba salir a cabalgar por horas sin pensar en su retorno. Disfrutaba mucho de los espacios abiertos, del campo, de los árboles haciendo difícil el trayecto impetuoso de su caballo. Su madre siempre bromeaba con la idea de que él no había salido de su vientre sino del de su yegua porque solo eso podía explicar su parecido con la personalidad de un potro salvaje.

Su vida adolescente estuvo marcada por sus numerosas desapariciones y aventuras. La reina con el tiempo fue indiferente a las preocupaciones que le achacaban cuando él era más pequeño y se perdía por horas en los jardines sin poder ser hallado. Su padre, en cambio, se encolerizaba pero solo si estas aventuras interrumpían su adiestramiento en las armas, lo que rara vez sucedía debido a la fascinación del pequeño príncipe por las éstas y la estrategia militar.

Los largos paseos y el entrenamiento constituyeron por años su mayor ocupación y con el paso del tiempo se volvieron parte de su rutina diaria y momentos que le ayudaban a aislarse de cualquiera de las pocas preocupaciones que pudieran afectarle. Después de todo, su hermana se encargaría de todo lo demás relacionado a reinar.

Y lo había planeado así desde que, a sus 12 años, su padre decidiera que el reino sería gobernado por sus dos únicos hijos. Desde aquel día sintió que su vida estaba resuelta: él se encargaría de todo las cuestiones de defensa y  su hermana de lo político y administrativo. La idea de hacer lo que más le apasionaba en el mundo llenó sus días de alegría, buen humor y optimismo. Lo mejor del caso era que su hermana estaba más que preparada y a gusto con esta resolución.

Esto ocupaba los pensamientos de Guillermo mientras escuchaba a lo lejos la voz de su consejero real quien le leía con detenimiento todas las actividades a desempeñar ese día.

– La reunión con los representantes de la cámara de comercio deberá ser breve debido a los asuntos emergentes que han surgido en los últimos días. Creo que su majestad debería apremiar a los comerciantes a ser lo más concisos posibles con sus demandas pero a la vez tendría que adoptar una posición un poco más cercana, de interés….quizá si pudiéramos hacer la reunión en la mesa redonda del despacho real causaría una impresión de inclusión y entonces podríamos llegar a un acuerdo mucho más rápido y causar un mejor impacto final. Recuerde siempre mantener sus manos sobre la mesa sin juntarlas y mirar a todos los presentes cuando emita algún comentario. En la situación actual es necesario, su majestad, que tengamos a los gremios de trabajo de nuestro lado y …contentos…ya que…

Y por momentos la voz desaparecía de su mente, como si su cerebro la bloqueara a propósito, como un mecanismo de defensa que no sabía que tenía.  Un asistente le acomodaba el traje en silencio mientras que el príncipe fingía escuchar a su interlocutor.

En las últimas semanas había tenido las mañanas más ocupadas y tediosas de toda su vida. Desde el viaje de sus padres y el relevo temporal de sus funciones, el ir y venir de los asesores reales, sus consejeros y los miembros del senado quienes venían a él con una serie de peticiones, órdenes del día, cronogramas de reuniones y asuntos de suma urgencia… había sido un verdadero balde de agua fría y el detonador de una cascada de inseguridades que se encontraban escondidas en lo más profundo de su ser. Dudas que habían sido aplacadas a lo largo de los años por la certeza de que su hermana se encargaría de todo eso.

Todo esto acerca de su competencia y su valía como monarca habían surgido de la nada, atormentándolo cada noche y al principio de cada reunión o evento en el que tenía que ejercer su poder temporal como rey. Nunca en su vida había tenido que controlar los nervios debido al terror de lo que se avecinaba…ninguna batalla en la que hubiera peleado había sido jamás tan aterradora como sentarse al frente de un montón de personas e intentar que se pusiesen de acuerdo o hacerles entender algún mandato…

¡Cómo extrañaba a su hermana! Y cuánto le faltaba para convertirse en un verdadero monarca.

Respiró profundo una vez y otra vez para disimular el montón de preocupaciones con las que se había levantado. Necesitaba ahuyentarlas, al menos temporalmente, para poder seguir con su largo día. Tenía que actuar de acuerdo a su autoridad o al menos pretender hasta que tuviera un momento de libertad para poder tomar su caballo y escaparse por unas horas de todo.

Asintió a todo lo que le explicaba su paciente consejero que afortunadamente lo conocía de casi toda la vida y percibía su tribulación y hacía de todo para ayudarle. Finalmente le pusieron un espejo al frente para que opinara acerca de su atuendo del día, cosa que le importaba lo menos, y observó la perfección de su apariencia, el aire de autoridad que cada una de las prendas que llevaba tenía… solo su rostro no combinaba con la imagen general.

Si hubiera tenido que compararlo con algo sería una de dos cosas: el rostro de un niño asustado o el de un anciano aburrido de vivir.

Últimos momentos de la difunta Mariana

El 25 de Septiembre del 2006, en la casa de la familia Perez se vivió uno de los momentos más difíciles que una familia afronta en su camino: la muerte trágica y temprana de una de sus hijas. La casa se llenó de familiares y amigos que, ejerciendo su deber para con los lazos de amor y amistad, quisieron darle el último adiós a la pequeña Mariana.

La urna se encontraba en una mesa de madera frente a la pared de la sala principal de la vivienda, rodeado de grandes y coloridos arreglos florales, fotos de la difunta casi de tamaño real y símbolos de duelo. Delante de él se extendían filas y filas de sillas ocupadas por los allegados de la familia, algunos amigos de la difunta y uno que otro conocido curioso que asistió atraído por la naturaleza de la noticia.

El olor a café recién hecho y las roscas tradicionales perfumaba el ambiente y se podían escuchar una gran variedad de sonidos de acuerdo a qué tan cerca estabas de la muerta, qué relación tuviste con ella y a tu edad.

Por ejemplo, en la primera fila donde estaban sentados sus padres y hermanas se escuchaban sollozos. En las filas de en medio podías escuchar a los tíos, primos y abuelos comentar acerca de lo maravillosa que era su pequeña Mariana y lo mucho que se perdió el mundo ante aquella tragedia irremediable. Más atrás podías entretenerte con anécdotas sinceras, debidamente editadas y por sobretodo, bien intencionadas, de sus amigos, incluso podías escuchar un par de carcajadas mal disimuladas.

Y al final, tratando de que nadie pudiese oírlos se encontraban reunidos sus tres mejores amigos.

Las dos mujeres cuchicheaban para que su amigo pudiera oírlas. Parecían haber llorado todas las lágrimas que hubiesen podido llorar, sin embargo el carácter de la conversación no reflejaba tristeza. El varón parecía no haber llorado una sola lágrima, pero incluso su lenguaje corporal delataba el cansancio de una noche triste.

De un momento  a otro tuvieron que salir porque una de ellas no pudo contener una carcajada y las miradas ofendidas de los presentes los disecaron por completo. Ya en el patio y sin más testigos que los grandes árboles del jardín, Ernesto encendió un cigarrillo y Valentina respiró profundo secándose las lágrimas.

– ¡Lo siento!- exclamó – es que no puedes negar que todo esto ha sido completamente ridículo…

– Lo es, pero ¿puedes controlarte un poco más? De todos modos es un funeral y es irrespetuoso. Además- y aquí Renata bajó el tono de su voz- es prácticamente un tema privado. Un secreto.

Valentina se encogió de hombros y de repente puso cara de asco al oler el humo del tabaco de Ernesto.

– ¿Es enserio?- le preguntó molesta- sabes que soy alérgica. Y sabes que Mariana odiaba que fumes.

– Ella ya no existe- afirmó el muchacho muy tranquilo-

– ¡Dios mío! Aún no lo puedo asimilar del todo. Dejando de lado todo lo que pasó… Mariana se fue.-Renata suspiró con la mirada en algún punto fijo delante de ella.

– Chicos, ¿han pensado cuales habrían sido sus últimos pensamientos antes de…?-Valentina pareció no poder terminar la frase por parecerle extremadamente incómodo imaginar la situación-

Los tres se quedaron en silencio un buen rato mientras más y más personas se agolpaban en la entrada para firmar el libro de condolencias.

De repente Valentina se cubrió la cara para contener la tristeza que le sobrevino el pensamiento, Renata se tocó con fuerza los brazos como intentando abrazarse a sí misma y Ernesto aspiró con fuerza el humo de su cigarrillo.  Todos tenían los pelos de punta, imaginando los últimos pensamientos de su amiga de toda la vida y los tres pintaron un cuadro desolador en aquellos últimos momentos.

Pero ¿realmente fueron tan tristes y desesperanzadores los momentos finales de Mariana?

Los hechos, desconocidos para siempre por todos los mortales que llegaron alguna vez a la vida de aquella mujer, fueron de hecho muy diferentes.

Pero primero el principio.

Sucedió que Mariana, poco antes de cumplir los 25 años, decidió hacer algo diferente el día de su cumpleaños. Movida por un profundo sentimiento de cambio y una oleada de crisis existenciales contrató un servicio de salto en paracaídas. Le pareció que tenía que hacer algo que marcara su entrada a las grandes ligas, al principio del final de su segunda década, al primer cuarto de su vida…

Entonces y casi con las justas, logró reservar un turno para saltar en caída libre aquel día. Lo planeó sola sin embargo se lo dijo a sus tres mejores amigos en el fondo queriendo que alguno de ellos la desalentara y así  poder tener una excusa para no hacerlo y llegar a la pública resolución de que era una locura.

Pero sus amigos, con el ánimo de empujarla a nuevas experiencias para que, la siempre miedosa y reprimida Mariana pudiera probar cosas nuevas, la apoyaron totalmente. Entonces a la susodicha no le quedó más remedio que seguir con el plan.

Quiso hacerlo sola porque afirmó que sería más liberador y personal. Sus amigos estuvieron de acuerdo. Decidió también ocultarlo de sus padres para poder contarles luego y que pudieran ahorrarse la preocupación y ella los molestos sermones que en realidad pudieran haberla librado de aquella experiencia pero, viniendo de sus padres sería opresión y Mariana, siempre rebelde, llevaría con más fuerza la contraria.

En la avioneta se arrepintió mil veces pero ya no habría reembolso ni vuelta atrás. El instructor le informó varias veces y con gran exactitud lo que tenía que hacer y cuándo hacerlo y Mariana lo entendió todo. Y un segundo antes de saltar su mente se llenó con todos los sentimientos  y pensamientos de miedo que puedan existir.

Y saltó.

Fue indescriptible lo que Mariana experimentó en esos momentos en el aire. Su mente se puso en blanco sin embargo sintió que por su cerebro fluían oleadas de paz y pensamientos felices. Luego pensó en todo lo maravilloso de la vida, en lo feliz que realmente era a pesar de siempre afirmarse deprimida o estresada. De repente todos sus problemas dejaron de ser importantes y solo el cielo y el viento en su rostro tuvieron sentido. No hubo nada que la turbara, nada que le aterrara. Por ese minuto en el aire, por ese último minuto en la soledad del cielo fue completa y sinceramente feliz.

Tan feliz que olvidó abrir el paracaídas.

Consejos para los estudiantes de Medicina

Si te atreviste a entrar en el mundo de las Ciencias de la Salud luego de haberlo meditado mucho, espero, te servirán algunos consejos y cosas que he aprendido a lo largo de mi paso por las aulas de la facultad de Medicina.

Estudiar mucho y sobretodo lograr una rutina de estudio constante es vital, pero también existen otras cosas que debes tener en cuenta para sacar el mayor provecho de tus años  en la facultad.

Aquí algunas cosas que aprendí a lo largo de la carrera:

– Lo que estudiaste en el colegio no te va a servir de casi nada cuando llegues a la universidad. Todos sufren el primer semestre o año. Hasta el mejor alumno de tu colegio.

– Procura encontrar tu propio método de estudio, porque vas a tener que estudiar mucho, así que si no se te da bien estudiar acompañado, no lo hagas, no cedas ante la presión social.

– Esfuérzate por aprender pero no sacrifiques actividades como alimentarte bien, dormir las horas necesarias y el ocio.

– Investiga maneras diferentes de asimilar los contenidos que tienes que estudiar, hoy en día existe tanto material en internet: vídeos, cursos, imágenes esquemáticas, charlas… y éstos pueden ayudarte a estudiar de manera inteligente.

– No todo es Medicina: haz otras cosas aparte de estudiar las materias de la facultad. Es difícil los primeros semestres, pues te estás adaptando, pero una vez lo hagas: inscríbete en clases de dibujo, aprende un nuevo idioma, lee libros de Literatura o historia, lee las noticias, pasa tiempo con tus padres, haz voluntariado…busca algo que te entretenga y a la vez te forme fuera de las materias de Medicina.

– Muchos alumnos mayores, profesores y autoridades lastimosamente en algún punto van a tratar de desanimarte, te dirán que no sirves…Eso sumado a tus propias dudas te harán querer desistir. Son en estos momentos en los que te sostiene tu vocación y tus razones para seguir adelante. No dejes que nadie te diga que no puedes.

– Pero si en algún momento, luego de conversarlo contigo mismo y sin contemplar lo que digan los demás, te das cuenta que tomaste la decisión incorrecta, está bien retirarse. Le estás haciendo bien a los demás y a ti mismo. Nadie debería ser obligado, peor obligarse a sí mismo, a hacer algo que lo hace miserable.

– Tus amigos empezarán a trabajar primero que tú, a casarse y a tener hijos. Y tú seguirás estudiando, en el caso de que no hayas hecho esas cosas primero, tratando de equilibrar tu escasa vida social y tu vida en la universidad.

– Te darás cuenta lo diferente que es hablar con pacientes y estudiar de un libro.

 – Entre más avanzado estés en la carrera, más fácil se vuelve. Pero no porque tengas menos que estudiar, sino porque ya sabes cómo funciona el sistema, encontraste tu forma de adaptarte y todo lo que has estudiado por fin empieza a fusionarse y a tener sentido.

– No tengas miedo de preguntar. Es mejor quedar como “ignorante” que tener vacíos que posteriormente no llenes y te lleven a cometer un error.

– A veces la experiencia del trabajo es más valiosa que la información de la teoría. Escucha a tus docentes cuando te hablen de sus anécdotas en la profesión, eso también te forma.

– Los amigos son importantes, no pases por la facultad de Medicina sin formar lazos con tus compañeros. Incluso si son solo un par de personas, en el contexto en el que nos desenvolvemos muchas veces es importante tener apoyo moral y ayuda mucho tener esas personas que puedan estar para ti cuando lo necesites y viceversa.

– No dejes que el deseo de ser mejor te prive de lograr el punto anterior. Está bien ser algo competitivo pero no te vuelvas una persona que pasa por encima de los demás para obtener lo que quiere. No solo es odioso también es muy solitario. Como me dijo una amiga una vez: “un libro no te abraza ni te dice que te ama”.

– Si tienes contactos médicos, úsalos. Nunca está demás que te adelantes y conozcas el mundo hospitalario o de consultorio antes de hacer tu año de prácticas, mucho mejor si aprendes a realizar procedimientos.

– Por favor, exige que te enseñen a realizar procedimientos básicos como: colocar vías periféricas, poner sondas, intubar, colocar férulas… aunque te digan que ese es el trabajo de una licenciada en enfermería, son cosas básicas que debes saber, inclusive si solo lo usas cuando algún familiar acude a ti por ayuda que, créeme, va a suceder.

– A veces las lecciones de tus profesores van más allá de la teoría, aprende todo lo bueno que veas en tus médicos docentes, desecha las malas prácticas. Pero no les juzgues tan duramente, recuerda que ellos fueron parte de un sistema diferente.

– Ningún profesional que trate mal a sus pacientes puede llamarse “buen médico”. Esta profesión es primero HUMANISTA. No repitas esquemas obsoletos de trato al paciente. Actualmente el médico ya no es “el dios en la tierra”. Ahora los pacientes tienen mayor acceso a la información y es importante practicar la paciencia y una comunicación eficiente.

Esto es lo que he observado, lo que he vivido. Todo lo que me queda es desearte buena suerte en este largo pero satisfactorio camino. Deja tu huella en cada cosa que hagas y te aseguro que te irá bien.

 

Consejos para quien quiera estudiar Medicina

Estas son cosas que me hubiera gustado que alguien me dijera hace 5 años cuando decidí meterme a estudiar Medicina. Confieso que cuando tomé este camino no tenía ni la más remota idea de lo que estaba haciendo. Después de todo y sinceramente ¿quién tiene realmente idea de algo apenas sale del colegio?

Sin embargo, no me arrepiento de mi decisión pues fue producto de una vocación de servicio y un gusto por las ciencias naturales. Sin embargo, muchas veces me encuentro niños y adolescentes que, por diferentes razones, piensan en Medicina como su carrera universitaria. Y a veces no he sabido qué decirles porque, estando yo aun cursando las materias en la U, no tenía el panorama completo. Ahora que he salido y estoy entrando a mi año de prácticas, creo que tengo más criterio para decirle un par de cosas a aquellos que estén pensando en ser médicos:

– Piensa muy bien si en verdad eres tú quién quiere estudiar Medicina; no tus padres o tus abuelos. Ser médico es una profesión muy noble y te dará inmensas satisfacciones…pero también es una carrera muy dura y requiere que des un 300% de ti aun cuando no te sientes ni en un 5% y si no es lo tuyo la vas a pasar fatal.

– Si vas a hacer esto por dinero, mejor busca otra carrera. Incluso si estudias en una universidad estatal, estudiar Medicina es costoso y requerirá muchas veces que compres: libros, aparatos tecnológicos, instrumentos, uniformes… que son costosos. Ni hablar de los gastos en  alquiler y  comida si estudias fuera de tu ciudad natal. Ni te cuento del postgrado… El dinero vendrá mucho más adelante en la vida y muchas veces, en los días malos, necesitarás más que una razón monetaria para motivarte a seguir.

– Antes de que quieras inscribirte en la facultad de Medicina piensa que vas a trabajar con vidas humanas y que te comprometes a hacer todo lo posible por ayudar a quien esté enfermo…pero que no siempre lo lograrás y aún si lo logras no siempre tendrás el agradecimiento o reconocimiento respectivo. A veces todo lo contrario.

– Te comprometes a atender a cualquier persona que te necesite, no importa quién sea ni lo que haya hecho.

– ¿Estás listo para que tus familiares pongan en tus manos su salud, su vida?

– Estudiar Medicina no es solo “estudiar duro y ya”… Te exige mental, física y psíquicamente. En todo momento y no importa en qué circunstancias personales te encuentres.

– Tienes que mantener una imagen de pulcritud, rectitud y profesionalismo la mayoría del tiempo. Cada vez crece más la desconfianza hacia los médicos y los pacientes se tornan más exigentes.

– Cada decisión que tomes tiene consecuencias y la mayor consecuencia de escoger estudiar para ser médico es sacrificar el tiempo que pasas con tus amigos y familiares. Perderte de fechas importantes por estar en exámenes o de guardia.

– Vas a tener que estudiar TODA LA VIDA si es que quieres tener éxito y ser un buen médico. La información que leíste hace 1 año hoy puede estar desactualizada incluso obsoleta y tienes que estar a la altura, constantemente investigando, leyendo, yendo a congresos…

– Esta carrera es de competitividad. Lamentablemente él que aparente desempeñarse mejor obtendrá el trabajo. El que sepa más, el que esté más actualizado, el que tenga más experiencia…

– Puedes tener problemas legales y en casos extremos, ir a al cárcel, por hacer tu trabajo.

– Si eres hijo de médicos, puedes sentir presión por no decepcionarlos. Si no eres hijo de médicos, en algún punto te sentirás incomprendido.

Si ya pensaste en lo anterior y crees que tienes la capacidad, la vocación y la paciencia… ¡Bienvenido!

A pesar de los obstáculos y las dificultades, es una carrera muy satisfactoria y te da cierto tipo de estatus, está mal decirlo, en relación a los demás. Pero recuerda que el estatus no lo es todo, y que se debe usar para instaurar cambios que beneficien a los demás.

Y que el objetivo de la Medicina es servir, utilizar los conocimientos y la experiencia para hacer el bien aplicando uno de los principios fundamentales: “Primun non nocere”

Primero no hacer daño.

La última vez

Nunca olvidaré esa última tarde que me pidió estar en sus brazos. Al principio no estaba seguro si sería lo mejor, pero me pudo más el sentimiento que la razón, algo que me sorprendió dadas las decisiones que había tomado en las últimas semanas respecto a nuestra relación.

Fue un día maravilloso y aprovechamos cada segundo para disfrutar por última vez de nuestra compañía. Al menos es lo que recuerdo, han pasado casi dos años de aquella “última noche” que se convirtió en todo un fin de semana.

Ahora me pongo a pensar en cuánto debimos extrañarnos pero más que nada, querernos, porque ahora no veo la posibilidad que algo así ocurra. Creo que esta vez si ya no hay vuelta atrás y no habrá reencuentro en un futuro cercano.

Pero el recuerdo que tengo más vívido de esos días fue un momento que se quedó grabado en mi memoria más que los demás, incluso más que el sexo que está demás decir que fue fabuloso…

Estábamos acostados en su sofá cama y estaba atardeciendo. Recuerdo que toda la sala se llenó de una luz naranja que nos pareció muy peculiar. No recuerdo de qué hablábamos pero nos sentíamos tan cómodos hasta que ella me soltó la mano y me dio la espalda. Y el silencio fue terrible, como puñaladas. Callé también, sin saber qué decir pues sabía lo que ella estaba pensando. Y también me puse triste pero no derramé una lágrima, en cambio ella sí y lo estaba ocultando. Se supone que iba a ser el último fin de semana que estuviéramos juntos y debía ser feliz, así habíamos quedado.

Entonces la abracé, era lo único que podía hacer para consolarla. Mis palabras no iban a servir, si había sido yo el que decidió la separación. De pronto ella se giró me dio un beso rápido y secó sus lágrimas. Acto seguido se sentó a horcajadas sobre mi pelvis. Me miró y trató de sonreír a pesar de su nariz roja y sus ojos irritados.

Se veía tan hermosa bañada en la luz naranja que llegaba desde sus tres ventanales descubiertos que casi me retracto y le digo que lo olvidara todo, que me equivoqué y que la vida sin ella me parecía un fiasco. Cosas que con el tiempo y la distancia comprendí  del todo pero que en ese momento eran imposibles de pensar, aunque en el fondo lo deseaba y lo sabía.

Se inclinó y me besó en la frente y nariz, sin decir nada. Luego sentí como mis mejillas estaban húmedas y ella puso su rostro junto a mi oreja, para que no la viera llorar de nuevo.

Te amo— me susurró.

Ahí me di cuenta, por el nudo que sentí en la garganta, que esas lágrimas no eran solo suyas sino también mías. Había empezado a llorar sin pestañar, sin darme cuenta.

La estreché contra mí con todas las fuerzas que me quedaban luego de contener las lágrimas que, rebeldes, fluían sin mi consentimiento.

Yo también te amo— le dije y me sentí una basura. Pero al menos la tenía entre mis brazos, ella tenía que entender el mensaje ¿no?

Tenía que saber que mis palabras no podían expresar lo que sentía por ella, que soy un cobarde y un egoísta por abrazarla y decirle que la amaba pero con la firme y manifiesta intención de dejarla. Ella tenía que entender, adivinar, que me sentía abrumado, que me estaba partiendo en dos pero que no podía estar con ella. Y que no podía explicarlo.

Ella debió entender, de otro modo ¿por qué se quedó allí abrazándome?

¡Dios! no puedo olvidar esa escena. No sé cuánto  nos quedamos así pero fue la última vez que me sentí tan completo en mucho tiempo.  Fue lo mejor de aquella última vez.