Perfección

En la época en que estamos viviendo todo es demasiado demandante. Quiero decir ¿por qué estamos buscando siempre la perfección? En el físico, en la académico, en lo espiritual, en lo material… Es cansado y desgasta mucho.

¿Por qué nos atormentamos tanto cuando nos damos cuenta que en realidad somos seres terriblemente imperfectos?

¿Es acaso mediocridad el aceptar que vamos a fallar, que no siempre vamos a dar el 100% de nuestra capacidad?

Somos seres cambiantes, cada día aprendemos algo nuevo (seamos conscientes o no de ello) no podemos controlar la totalidad de nuestros pensamientos, miedos, compulsiones y obsesiones… es natural que cometamos errores, ¿por qué es tan difícil de comprender?

Muchas veces mi mente no está al mismo ritmo que mi cuerpo. No sé explicarlo bien pero hay algún tipo de desconexión entre la parte de mi cerebro que crea ideas, planea tareas y piensa proyectos y la parte ejecutora. Simplemente la primera va a la velocidad de la luz muchas veces y no puedo seguirle el ritmo. Es como si dentro de mí hubiera una mujer altamente productiva, activa y en control y en el otro extremo una lenta, poco motivada y perezosa… ¡Y eso puede ser muy frustrante!

Porque me ataco cuando no alcanzo sus altas expectativas, no puedo concebir el hecho de no dar todo de mí, inconscientemente aborrezco el fracaso.

Y comienza el círculo vicioso de miseria, en el cual soy más improductiva aún: aquí es cuando afianzo esos pensamientos fantasmas de inutilidad que se esconden en algún rincón de mi cerebro.

Pero es que ¡voy a fallar!. Voy a ser perezosa, voy a sentarme una tarde a simplemente perder el tiempo y descansar…Va a pasar y si lo sé ¿por qué sigue molestándome?

Quiero echarle la culpa a las redes sociales, que convierten a las personas en muñecos perfectos y felices que comparten con el mundo la infinita buena suerte y éxito que les acompaña. A los padres, por sus abrumadoras expectativas de éxito para todos nosotros. A la sociedad, que sigue prefiriendo “lo bonito”, “lo más comercial”, “lo que gusta a todo el mundo”… Y podría seguir, pero prefiero sentarme un rato y reflexionar…

Es hora de hacer un pacto entre estas dos entidades en conflicto: la hiperactiva y la perezosa, una especie de acuerdo en el que se me permite algún margen de error. En la que no tenga que ser parte de aquellos que creen que el fracaso no es aceptable, que no sirve para nada. Algo que me ayude a verme más como el ser ridículamente imperfecto que soy y que eso está bien y seguir adelante.

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Carta # 550

No sé cuántas cartas he escrito hasta ahora y sinceramente no me importa.

Hoy no es un día especial: no es Navidad, no empieza un nuevo año, no es tu cumpleaños ni el mío… Es un día como cualquier otro, de hecho hoy ha estado todo muy tranquilo, ninguna novedad, nada fuera de lugar ni siquiera hemos tenido alguna visita.

Sólo estoy sentado detrás del escritorio, como siempre, observando como te mueves desde mi ventana. Lo más cómico es que no haces nada digno de describir: estás sentada a unos 30 metros lejos de mí, indicándole a nuestra hija casi adolescente como deshacer un tejido que le ha salido mal. Lo típico. Nada nuevo en la forma como te inclinas hacia ella, en como acomodas tu cabello para que no te estorbe la visión. No es nueva tu sonrisa, ni las arrugas en torno a tus ojos…

Sin embargo no me canso, no me canso de observarte, como si te viera por primera vez. Es que quiero que se quede grabada tu imagen en mi retina, hasta el día en que deje este mundo, hasta el día triste en que mis ojos ya no sean capaces de mirarte.

Eres perfecta.

Cada pequeña parte de ti.

Cada imperfección que no has ganado con el tiempo, esa que maquillas con magia para que tu juventud no te delate.

¡Ay como me duele mi calidad de mortal en estos momentos!

Como duele saber que no podré tenerte por la eternidad, que un día mi vida desaparecerá de este planeta y no existiré… no existiré más.

Te amo como sólo puede hacerlo alguien que sabe que su tiempo aquí es limitado y que debe disfrutarte todo el tiempo que pueda. Te amo como un loco… en cualquiera de tus formas.

No sé que número de carta sea esta, ya dejé de contar hace tiempo.

Sólo quiero reiterar que nuestra vida no puede ser más aburrida en estos momentos: una casa que gobernar, cuentas que vigilar, dos hijos por guiar y dos adultos por los cuales preocuparse y de los cuáles charlar cada cena. Negocios que hacer crecer, gente con la cual reunirnos y socializar… Nada extraño, nada excitante.

Aún así ¡qué perfecto es todo cuando te miro!

Cuando recuerdo que todas las noches voy a quejarme del mundo con la mujer de mi vida. Aquella por la cual luché tanto. Todo aburrimiento se desvanece cuando en las noches te observo a mi lado.

Eres lo mejor que pudo pasarme en esta vida. Te lo juro y para esta carta ya estarás harta de leerlo. Pero es cierto.

No sé que estarás viviendo en estos momentos. No sé que maravillas tenga el mundo cuando mi vida se haya esfumado. Pero permíteme ser egoísta: no creo que alguien te ame como lo hago yo.

Nadie va a amarte como yo te amo y no porque no merezcas ser amada en tal magnitud sino porque allá en el tiempo en que estarás viviendo todo el mundo está seguramente distraído con todo el fruto de la creación humana. Estoy seguro que nadie se sentará como un idiota, como yo, detrás de su escritorio de madera a mirar hacia la ventana y sólo observar lo que pasa fuera, a observarte hacer nada fuera de lo normal como todas las tardes.

Como te digo siempre al final de cada carta:

¡Vive!  Como si no tuvieras todo el tiempo del mundo.

Tuyo

Mark

Una reflexión apróposito de una muerte inesperada

La vida es corta, pero sobretodo, impredecible.

No podemos saber hasta donde somos capaces de llegar, no hay manera de predecir el final. Y es triste porque pasamos muchas veces por la vida  sin pensarlo. Inconscientes por completo del tiempo, nos perdemos en pequeñeces sin importancia, nos agobiamos por el pasado  y le tenemos tanto miedo al futuro. No nos damos cuenta que desperdiciamos las horas discutiendo, odiando, enojándonos, sufriendo.

Sólo cuando estamos al borde, cuando miramos hacia la muerte empezamos a valorarlo todo, a replantearnos la vida, a deprimirnos…

Y mirar desde afuera a un posible cadáver te hace reflexionar por un momento. De repente pareces vulnerable. Empiezas a buscar fe.

Comienza la cuenta regresiva.

Luego viene el golpe, sin avisar, de la hoz.

En ese momento todo pierde sentido y a la vez todo es real…y ¡cómo duele!

Pero el tiempo pasa, los vivos entierran a sus muertos y la vida sigue su camino cuesta abajo.

Maoli Fuser