La última vez

Nunca olvidaré esa última tarde que me pidió estar en sus brazos. Al principio no estaba seguro si sería lo mejor, pero me pudo más el sentimiento que la razón, algo que me sorprendió dadas las decisiones que había tomado en las últimas semanas respecto a nuestra relación.

Fue un día maravilloso y aprovechamos cada segundo para disfrutar por última vez de nuestra compañía. Al menos es lo que recuerdo, han pasado casi dos años de aquella “última noche” que se convirtió en todo un fin de semana.

Ahora me pongo a pensar en cuánto debimos extrañarnos pero más que nada, querernos, porque ahora no veo la posibilidad que algo así ocurra. Creo que esta vez si ya no hay vuelta atrás y no habrá reencuentro en un futuro cercano.

Pero el recuerdo que tengo más vívido de esos días fue un momento que se quedó grabado en mi memoria más que los demás, incluso más que el sexo que está demás decir que fue fabuloso…

Estábamos acostados en su sofá cama y estaba atardeciendo. Recuerdo que toda la sala se llenó de una luz naranja que nos pareció muy peculiar. No recuerdo de qué hablábamos pero nos sentíamos tan cómodos hasta que ella me soltó la mano y me dio la espalda. Y el silencio fue terrible, como puñaladas. Callé también, sin saber qué decir pues sabía lo que ella estaba pensando. Y también me puse triste pero no derramé una lágrima, en cambio ella sí y lo estaba ocultando. Se supone que iba a ser el último fin de semana que estuviéramos juntos y debía ser feliz, así habíamos quedado.

Entonces la abracé, era lo único que podía hacer para consolarla. Mis palabras no iban a servir, si había sido yo el que decidió la separación. De pronto ella se giró me dio un beso rápido y secó sus lágrimas. Acto seguido se sentó a horcajadas sobre mi pelvis. Me miró y trató de sonreír a pesar de su nariz roja y sus ojos irritados.

Se veía tan hermosa bañada en la luz naranja que llegaba desde sus tres ventanales descubiertos que casi me retracto y le digo que lo olvidara todo, que me equivoqué y que la vida sin ella me parecía un fiasco. Cosas que con el tiempo y la distancia comprendí  del todo pero que en ese momento eran imposibles de pensar, aunque en el fondo lo deseaba y lo sabía.

Se inclinó y me besó en la frente y nariz, sin decir nada. Luego sentí como mis mejillas estaban húmedas y ella puso su rostro junto a mi oreja, para que no la viera llorar de nuevo.

Te amo— me susurró.

Ahí me di cuenta, por el nudo que sentí en la garganta, que esas lágrimas no eran solo suyas sino también mías. Había empezado a llorar sin pestañar, sin darme cuenta.

La estreché contra mí con todas las fuerzas que me quedaban luego de contener las lágrimas que, rebeldes, fluían sin mi consentimiento.

Yo también te amo— le dije y me sentí una basura. Pero al menos la tenía entre mis brazos, ella tenía que entender el mensaje ¿no?

Tenía que saber que mis palabras no podían expresar lo que sentía por ella, que soy un cobarde y un egoísta por abrazarla y decirle que la amaba pero con la firme y manifiesta intención de dejarla. Ella tenía que entender, adivinar, que me sentía abrumado, que me estaba partiendo en dos pero que no podía estar con ella. Y que no podía explicarlo.

Ella debió entender, de otro modo ¿por qué se quedó allí abrazándome?

¡Dios! no puedo olvidar esa escena. No sé cuánto  nos quedamos así pero fue la última vez que me sentí tan completo en mucho tiempo.  Fue lo mejor de aquella última vez.

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El último adiós de Roberto (intento # 500).

Roberto estaba paralizado mirando al mensaje en la pantalla de su computador. Sus manos empezaron a temblar, después todo su cuerpo. Sentía el pecho frío y las mejillas calientes. Pronto saldrían las lágrimas. Tragó el nudo que tenía en la garganta cuando se dio cuenta que ella estaba detrás de él.

No puedo creer que sigas afectándome de esta manera– susurró Roberto volteándose para enfrentarla, cabizbajo, para que no lo viera llorar-

La mujer que tenía delante no poseía una belleza exuberante: era pálida, de cabello negro, lacio y corto, labios carnosos y rosáceos, estatura media y contextura ancha. Sin embargo eran sus ojos café oscuro, profundos y misteriosos, los que le daban cierto atractivo. Se encontraba de pie frente a un visiblemente atormentado Roberto, quien permanecía sentado en la silla de su escritorio frente a ella.

Ya no me conoces ¿sabes?-dijo de repente forzándose a mirar aquellos ojos inquisidores-he cambiado, te guste o no. No puedes venir a decirme qué está bien o mal conmigo y con mis decisiones- su voz parecía a punto de quebrarse, las lágrimas caían por su rostro- ¿Qué pretendes? ¿Qué es lo que quieres de mí?…

¿Por qué sigues apareciendo en mi vida? Nunca te escogí y nunca lo haré. He seguido adelante, he tenido éxito y he fracasado en lo que yo he  querido… No entiendo sinceramente por qué me hiere lo que me digas– hablaba sin pausas por miedo a que si paraba no se atreviera a decir lo que pensaba-No importa cuántas veces me repitas que me amas, no esperes que te lo diga de vuelta y sea sincero. Tú no eres la mujer de mi vida y no existe hilo rojo alguno que justifique tu insistencia.

Te amé en un tiempo que ya no recuerdo… Hoy no te amo y honestamente no sé qué haces aquí – la mujer permanecía casi inmóvil sin apartar la mirada de su ex novio-.

Roberto inhaló y exhaló con fuerza, se llevó las manos a la cara y secó sus lágrimas. Sus ojos  volvieron a mirar el suelo, tenía una guerra en la cabeza que no podía expresar con palabras. Apretó con fuerza los puños  y decidió que de alguna manera tenía que sacar el veneno que lo estaba matando desde dentro.

“Te has convertido en una de las voces enemigas en mi cabeza. Eres esa parte despreciable de mí que aparece cada vez que cometo un error, cuando algo no me sale bien… y me hundes. Sin embargo, como el enfermo que soy a veces te pienso voluntariamente, me preguntó cómo estarás, si todo te está yendo como quieres, si eres feliz… y siempre te deseo lo mejor desde el fondo de mi corazón.

A veces voy más allá y me pongo a pensar en universos alternos dónde sí estamos juntos. Sí, si de algo soy culpable es de fantasear contigo de esa manera, pero siempre llego a la misma conclusión: no soy yo quién está allí siendo feliz a tu lado, es definitivamente otra persona. Una persona que hizo sacrificios, que renunció a sus propias metas, alguien que te ama tanto que se dio al 100%… Y yo por ti nunca lo hice en la vida real y no es que no lo pensara, simplemente pensé más en mí.

Estoy cansado de que cada vez que volvemos a hablar insinúes que voy por el mal camino, que me he convertido en algo oscuro. Porque activas mis inseguridades y recuerdo las tantas veces que me has hecho creer que mi vida es una mentira… Suficiente tengo conmigo y mis miedos.

Este soy yo, bien o mal. Responsable de mis decisiones y autor de mi propia historia. Y aunque no lo creas, sé quién soy, de dónde vengo y lo que me merezco. Ya no necesito de tu supervisión omnipresente.

Finalmente Roberto la miró fijamente a los ojos y sin derramar una lágrima, con una decisión recién nacida le dijo:

– Adiós Natalia, corto el hilo que nos une. Aquél en el que nunca creí.

Un lustro

Cuando salimos a comer esa noche antes de que me acompañaras al tributo a Silvio Rodriguez (gesto que aprecio demasiado ya que no te gusta realmente su música) te pregunté con toda la sinceridad del mundo y sin una pizca de drama o segundas intenciones si seguiríamos celebrando los meses de noviazgo.

Y no fue una pregunta cualquiera: sabes que tuvimos nuestras tormentas que nos separaron por algún tiempo y en lo personal soy más del tipo “contemos desde cero”, sin embargo quería saber tu opinión.

Me sorprendió escucharte hacer un cálculo mental y concluir que nuestro 5to aniversario sería en Enero. No me esperaba eso y me agradó, fue un lindo gesto. Típico de ti sorprenderme con cosas así.

¡Cinco años!

Es bastante tiempo.

Me gusta pensar que crecemos juntos, atesoro mucho ese pensamiento porque me da una sensación de seguridad, de continuidad… Como que esto es importante porque somos parte de la vida del otro a través del tiempo y las circunstancias. Espero hacerme entender…

Hemos pasado por tantas cosas que no creo que me ponga a contar todas nuestras anécdotas, nuestras locuras, nuestras incoherencias… Mas bien quiero resaltar otras cosas, cosas que valoro de estos 5 años de estar pendientes de la vida del otro.

Por ejemplo:

Esa manía tuya de mirarme como si fuera la cosa más linda del mundo.

Ese brillo en tus ojos cuando me dices que me amas.

La manera en la que me estrechas junto a ti cuando me abrazas.

Los “buenos días, buenas tardes y buenas noches” que me enseñaste a decir con más frecuencia.

Lo feliz que me siento al verte comer en la mesa con mi familia.

Como me pones los pies sobre la tierra y me bajas de mi “drama-land”.

Lo paciente que has sido conmigo, MUY PACIENTE.

Tus esfuerzos por estar conmigo a pesar de lo difícil que a veces se te ha hecho.

El hecho de que no me juzgues.

Que me escuches y que te esfuerces por cambiar sutilmente ciertas actitudes que me hieren.

Que hagas que valore mi cuerpo, en cualquier estado. No sabes lo bien que me haces con esto.

Como me haces reír cuando estoy triste.

Como me pones la piel de gallina cuando me besas o me hablas al oído.

Cuando me enseñas a la fuerza a ser paciente y a entender cuando no quieres hablar de tus problemas.

La PAZ mental que me has proporcionado por mucho tiempo.

Y seguramente hay muchas otras cosas más, pero esas son las más importantes. En serio GRACIAS, significas mucho en mi vida, son casi 5 años en los cuáles he estado estable y feliz la mayoría del tiempo (a pesar de mis depresiones y crisis), 5 años en los que he tenido una persona que no me ha exigido de más, que no me ha mirado por encima del hombro por mis trabas mentales, que literalmente he sentido como mi igual.

No significa que seas perfecto, de hecho hay cosas que me duelen y me asustan un poco de ti. Sin embargo pretendo siempre recordar que eres un simple mortal como yo, tan humano como cualquiera y que tengo que amarte con todas tus cosas.

Si hay algo que aprendí en estos últimos años es que debo dejar de pensar en las cosas en términos eternos.  Es muy romántico y todo pero no es real. Las cosas se dañan, las vidas se esfuman, el amor se acaba y las relaciones llegan a su fin. Así que, cariño mío, si esto dura 5 años o 30, guardaré en mi corazón todo lo bueno que me dejes y de corazón espero que hagas lo mismo.

Hay una frase que he inventado solo para ti. Pensando en ti.

“Quiero sonreír y disfrutar a tu lado en los momentos felices, tomar tu mano fuertemente en los días duros y oscuros y ser voz de aliento en tu cabeza cuando no esté físicamente a tu lado.”

He decidido que esta será mi definición de amor.

Y tú la inspiraste.

Una vez llegué a pensar que eras mi hogar…me equivoqué. Mi hogar soy yo pero si hay algo cierto y es que al llegar a casa deseo que seas tú quien abra la puerta. Quien coma conmigo, quien me dé el beso de las buenas noches y el de los buenos días.

Eso sí, quiero recordarte algo que te dije hace mucho tiempo: esto no es una prisión. Acuariano eres libre de irte cuando quieras, no pretendo retenerte de ninguna manera. Te amo lo suficiente como para desear que te quedes en un lugar donde no estés a gusto.

Finalmente, y para no hacer más largo esto, quiero manifestar mi descontento sobre tu negativa de seguir a mi lado. Aun me cuesta asimilar que después de tanto estés dispuesto a darle la espalda a nuestro futuro. Es una pena, una verdadera pérdida.

Está demás decirte que te amo. Aunque ya no lo quieras escuchar.

Feliz lustro.

Y que vengan los años que tengan que venir…para mí.

Prometo que solo dolerá unos minutos.

Nos vemos en el infierno.

Tu nena de siempre…

 

 

 

 

 

La sorpresa de la mañana

Eran aproximadamente las 11 de la mañana cuando Sergio abrió con el pie la puerta de su habitación. En sus brazos tenía a su compañera de apartamento-y ex novia-, envuelta en una sábana, profundamente dormida. No le importaba que hubiera escuchado ruido fuera, ni ser consciente que sus amigos estaban despiertos y deambulando por los alrededores, él tenía que devolver a Julia a su habitación mientras estuviera dormida. Era una cuestión de vida o muerte.

 

Ignoró las miradas de sorpresa y enojo de las visitas al salir de su cuarto y entrar al de Julia. Sólo cuando ya la hubo dejado en su propia cama y se hubiese asegurado que aún dormía, se le formó un nudo en el estomago y se atrevió  a salir cerrando la puerta suavemente.

¡Cuánto necesitaba un café!

– Sergio… ¡¿Qué carajo acabo de ver?!- exclamó Gabriela  desde la cocina visiblemente espantada.

Había despertado hacía unas dos horas muerta de hambre y con ella  su novio. Durmieron en un colchón en medio de la sala del departamento de Julia. La noche anterior habían celebrado, comido y bebido hasta muy de madrugada, sin embargo no había fuerza que parara su reloj biológico, tan acostumbrado a su propia rutina mañanera. Estaba en medio de la preparación del desayuno/almuerzo, sirviéndole una taza de café a su amado cuando vio aquella aberración suceder ante sus ojos.

– Necesito un café-suspiró Sergio y se acercó a la cocina arrastrando los pies-

Todos los demás estaban como piedras, incluso Clara, quien siempre parecía tener una explicación para todo se limitó a mirarlo en silencio y con los ojos como platos.

Clara ya estaba despierta desde antes que Gabriela, Alberto la encontró leyendo el periódico entre mantas en el sofá.

– Se han ido juntos esta mañana- le había contado Clara sonriendo a Alberto – Hace mucho que no se escapan los dos solos a disfrutar de un fin de semana en la playa.

-¿Pero así de la nada?-dijo Alberto con asombro- Marco no es de hacer cosas como esas…

– ¡Es cierto!-exclamó Clara- Pero ya sabes el efecto que tiene Regina en él. La verdad es que me alegro mucho por ellos… Julia me ha contado que están pasando por momentos complicados en sus carreras y casi no tienen tiempo para verse- se le salió un suspiro de repente-  Ya quisiera yo tener a alguien con quien complicarme…

– Ya lo hallarás Clara- dijo Alberto mientras estiraba la mano para agarrar la taza de café que le había preparado Gabriela- Gracias am…-y su agradecimiento fue interrumpido por el traslado de un cuerpo durmiente de un cuarto a otro.

– Explicate!-demandó Gabriela-

– Nada pasó – dijo Sergio haciendo una mueca ante el sabor del café- si lo que te preocupa es que nos hayamos acostado… pues no, solo dormimos juntos- hizo una pausa para mirar a su alrededor en busca del tazón del azúcar- Aunque si nos besamos antes… ¡Ouch! ¡Gaby!….-se quejó de dolor ante el golpe de Gabriela con la cuchara de palo-

– Eres un cerdo-le dijo- te aprovechaste que estaba ebria. ¡Claro! Quieres arruinar las cosas ahora que está feliz con alguien más.

Sergio dejó de revolver el café y la miró con fastidio.

– Fue ella la que me besó y ya te dije que nada más pasó. Estaba ebria, estábamos conversando y decidimos que ya era hora de dormir. Yo me estaba metiendo a mi cuarto y ella me siguió, me abrazó y me besó…

– Y tu no la detuviste-respondió Gabriela indignada-

– ¡También estaba ebrio!-se defendió Sergio- Lo último que recuerdo es que nos fuimos a la cama juntos y esta mañana amaneció dormida a mi lado. Te juro que no pasó nada más. No hubiera dejado que pasara nada más, aunque no me creas la respeto.

Alberto despertó del trance de la sorpresa e intentó calmar a su novia que parecía querer caerle encima a su amigo.

– Calma ¿si?-le dijo- lo importante es que Julia está dormida en su cama ahora y con la ayuda de los dioses no se acordará de nada de lo que pasó anoche.

– Ojalá porque si se llega a acordar…-Clara caminó hacia el mesón de la cocina para unirse a la conversación- la conozco, va a sentirse mal y su relación se va a arruinar y no vale la pena…

– Exacto- terminó Sergio- No vale la pena que una relación tan buena como la que tiene se arruine por algo tan sin importancia….-probó su café nuevamente y siguió bebiéndolo satisfecho-.

– Ni una palabra de esto nunca a Julia ¿entendieron?-dijo Gabriela – Eso nunca pasó.

– Como sea-respondió Sergio saliendo de la cocina rumbo a la sala- Todo esto es una tontería.

– ¡Cómo va a pensar que es una tontería!- le susurró Gabriela a su novio- ¡Julia se casa mañana! No podemos permitir que algo como eso lo arruine todo. Ya bastante daño le ha hecho como para que ahora ella se sienta culpable por haberlo besado. Siempre pensé que era una mala idea que siguieran viviendo juntos….

– Bueno, ya pasó, ahora apura esa lasagna que muero de hambre-Alberto le dio un beso en la cabeza y salió de su camino para dejarla cocinar-

Gabriela continuó cocinando, rogando para que Julia no recordara nada.  Clara leyendo unos mails, suspirando para sí ante su inexistente vida amorosa.  Alberto fue a darse una ducha, impaciente por conocer los reales detalles de lo sucedido. Sergio, pensativo bebiendo su café en el balcón.

Ninguno se imaginaba que Julia estaba justo detrás de la puerta de su cuarto, pensando como fingir que no se acordaba de nada, que todo estaba bien y que era la novia más feliz del mundo.

La soledad de la decisión

Estaba en la estación sola, recién llegaba de la ciudad y el viaje había sido cansado y largo. Su rostro revelaba el insomnio de noches incontables, sus manos temblaban y sus rodillas parecían querer fallarle.

No había dormido nada la noche anterior pero no se sentía cansada. ¿Cómo podía estarlo con todo lo que tenía en la cabeza? Miró alrededor con la esperanza de no ver ninguna cara conocida, quiso huir pero sus pies se mantuvieron firmes en el asfalto.

Al menos eso pensó para sí misma. Había alcanzado el punto en que sus emociones no tenían el control total. Ella sabía que aquello era lo correcto, que debía permanecer allí y esperar y luego de enfrentar la situación, no mirar atrás.

¡Pero qué difícil!

Incluso cuando todas las células de su cuerpo gritaban que la decisión correcta había sido tomada, algunas conexiones neuronales discrepaban  y lanzaban millones de otras posibilidades, otros mundos dónde ella podía huir y seguir haciendo lo de siempre: no decidir y dejar las puertas entreabiertas, sólo por si acaso.

Hacía calor pero seguía helada y temblando. Y entonces la vio…. caminaba despacio y mirándola con esos ojos entrecerrados, con esa mirada de anhelo que la derretía.

De pronto y por un segundo recordó todas aquellas veces en las que ella la había mirado así: la primera vez que le dijo te amo, antes del beso mañanero y del desayuno, cuando no se veían por semanas y ella la iba a buscar a la terminal….

De pronto todas y cada una de sus defensas se derrumbaron.

Hola ¿Qué tal el viaje? susurró Julia en su oído al abrazarla.

Su calor cesó los temblores, cesó el bullicio en su cabeza. Su cuerpo entero quedó en silencio. Y las mariposas se apoderaron de su vientre.

Bien, un poco cansado en realidad.

Se separaron en un segundo incómodo hasta que Julia mencionó lo del café prometido.

Estaba esperando alguna señal en su cerebro, algún plan de escape, las palabras que había ensayado tanto para ese momento.

Pero todo dentro de ella era silencio.

Estaba sola.

Las compras de fin de año

Hoy salí con mi familia a hacer las compras de fin de año y la vi. No me quedé mirando mucho tiempo, a los pocos segundos moví mis ojos y seguí con la conversación cotidiana con mi mujer. Pero aunque en la superficie supe disimularlo, dentro de mí algo se detuvo.

Ciertamente mi corazón se saltó un latido.

Estaba acompañada de su padre, vestía un vestido corto blanco con un puñado de rosas de colores. Se veía incómoda, como siempre. Se veía hermosa con sus ondas castañas  cayendo por su espalda.

Estábamos en el mismo espacio, después de tantos años de nuestro último encuentro, sin embargo ella no me vio. Al cabo de un rato que me separé de mi esposa pude encontrar ángulos adecuados para observarla detenidamente.

Estaba tal y como en mis más profundos recuerdos: joven y llena de vida, con su caminar acelerado y nervioso, con esas gafas de marco grueso y esa mirada curiosa. Me permití a mí mismo contemplar su belleza sin ser visto.

¡Cómo me emocionó sentirla cerca! Hacía tiempo que no me sentía tan inquieto, tan a la expectativa. La seguí con cuidado por varios minutos, siempre cuidándome de no ser advertido por ella, no quería perturbar su aparente calma mientras comparaba precios metida entre los estantes.

¡Cuántos deseos sentí de abrazarla en aquellos minutos preciosos! De ser parte de su vida… me dejé llevar sólo por esa ocasión y mis sentimientos afloraron por un rato, llenándome de emoción y nostalgia.

La miré hablar con su padre, mirar a las personas con desprecio, como si no quisiera haber salido de casa y encontrarse tan rodeada de desconocidos que bloqueaban su camino. ¡Tan típico de ella!

Siempre tan tímida, siempre corriendo…

Al final se rompió el hechizo y tuve que volver a la realidad que construí sin ella. A mi esposa y a mi hijo que esperaban en algún pasillo. Tuve que volver a encerrar aquellos sentimientos no correspondidos, imposibles. Aquella historia inconclusa y a la vez terminada.

La vi irse con las fundas de la compra, apurada, fastidiada…

¿Me pregunto que habría hecho si me hubiese descubierto?

La conozco tan bien que sé que se hubiera asustado y hubiera caminado hacia el lado opuesto. Sé que se habría emocionado como yo, sin embargo habría apurado aún más el paso para poner tanta distancia como fuera posible de mí.

Incluso me atrevo a pensar que ella también sintió mi presencia. Puedo afirmar que secretamente me evita cada vez que sale de la fortaleza que es su hogar. Es capaz de sentirme como yo la siento, estoy seguro.

Pero nada de eso importa.

La vida nos reunió una vez y todo se enredó de tal manera que yo terminé casado y ella a cientos de kilómetros.

Me digo a mi mismo que nada hubiera ocurrido diferente, que simplemente no se pudo en esta vida.

Al final me marché del lugar cargado de compras y con una falsa expresión de molestia. Mi esposa sabe cuánto odio las compras en las festividades, sin embargo dentro de mí una sonrisa luchaba por salir a la luz.

La vi hoy después de tantos años y eso le gana a cualquier disgusto de fin de año.

La vi con su vestido de flores y su caminar acelerado y juro que en alguna parte de su mente ella me vio también.

 

María feliz.

Estábamos comiendo los tres: María se disculpó por el reducido espacio de su apartamento y Marissa  y yo la tranquilizamos.

  • A mí me parece acogedor- opiné sinceramente-

Cambiamos el tema y la conversación siguió hasta el atardecer. Descontamos muy bien todos los meses de ausencia. Es decir, yo iba cada semana (por lo menos) a casa de María a cenar, pero a mi novia no la veía desde el inicio de las vacaciones de invierno.

Mientras María le relataba con gran detalle todas las actividades que se le venían en la semana  yo me sentía al fin en casa. Al término del discurso, y como es ya su costumbre, María se estiró con energía y una enorme sonrisa adornó su rostro.

  • Y eso es lo que hay, hermana mía-exclamó- No te imaginas lo mucho que me alegro de verte la cara. Ya sabes, a mí eso de chatear contigo no me gusta.

Marissa sonrió y extendió delicadamente sus manos hacia las de María y las tomó.

  • Yo también estoy encantada, preciosa. Sé que no habíamos podido hablar mucho en todos estos meses y creéme que te he extrañado un montón. Ahora, quiero hacerte la pregunta de rigor- y vi su rostro serenarse un momento- ¿Eres feliz?

Desde que la conocí desarrollé la costumbre de estar alerta siempre a las expresiones de su rostro y predecir, adivinar, cuasi leer sus pensamientos. Como al principio sus palabras eran tan escasas para mi persona (o para cualquier ser humano común) ésa fue mi estrategia, pero en ese momento no vi venir la pregunta. No parecía lógica dada la sonrisota en la siempre seria y grave cara de María. Además el momento me era tan delicioso que simplemente estaba distraído.

Mi mirada se posó en mi amiga.

  • NUNCA y anótenlo en sus pequeñas y ocupadas agendas, NUNCA en esta vida me había sentido tan FELIZ- nos miró a ambos con ojos chispeantes- Jamás algo que no fueran drogas o un hombre me había hecho tan dichosa…

Sonreí contagiado por el ánimo de María. Sólo una cosa en este mundo me hacía más feliz que verla sonreír: ver sonreír a Marissa. Miré la sutil sonrisa de mi amada y supe que había algo detrás de la pregunta. Como siempre.

  • ¡Qué bien! ¡Qué bien, María!-dijo y apretó las manos de María entre las suyas–

Se miraron por un segundo y Marissa continuó.

  • Pero ten cuidado –le soltó las manos con delicadeza, juntó las suyas y entrelazó sus dedos- La felicidad es un conjunto de momentos no necesariamente continuos. Hoy sientes que vuelas, que literalmente flotas y que nada te puede alcanzar. Pero ojo- hizo una pausa y su mirada se volvió impenetrable- sabes que ese viaje no durará por siempre.

María y yo escuchábamos atentamente, es por eso que no vi la expresión de su rostro.

  • … En este camino hay situaciones que te van a dejar por los suelos, y lo sabes bien María. Sólo quiero que mantengas los pies en la tierra siempre y, si alguna vez el hechizo se rompe, aquí estaremos – y me extendió una mano a mí y otra a ella- para ayudarte a cargar ese peso…

María asintió emocionadísima, pero aunque esos ojos que había visto desde la escuela primaria se llenaron de lágrimas, ni una sola tocó su rostro.

Continuamos charlando una hora más y nos despedimos. Al regresar al bloque de habitaciones del campus universitario dónde se quedaba Marissa, nos detuvimos bajo el viejo cascol, repentinamente en silencio.

  • ¿Sabes? –comencé la pregunta que me taladró la cabeza todo el trayecto- Me dejó pensando eso que le dijiste a María sobre la felicidad…

Ella me miró con sincera interrogación.

  • ¿Qué pasa con eso?- dijo-

Estábamos uno frente al otro, tomados de las manos. Habíamos estado charlando mucho rato de trivialidades sobre el nuevo semestre y se iba a despedir cuando yo lancé la pregunta.

  • ¿Cuántas veces te has sentido así, en ese estado de miseria luego de un vuelo de felicidad?- miré sus ojos brillando con la luz de la lámpara del callejón-

Se hizo un silencio breve y ella bajó la cabeza y dirigió su mirada al pasado.

  • Unas cuantas veces-admitió con seriedad- pero, ya sabes, cada uno vive su miseria individual: la mía era esa ansiedad que me daban las relaciones interpersonales- volvió a mirarme, esta vez divertida y sonrió- Ansiedad que me quitaron ustedes. Miedo que apartaste al final tú…-su sonrisa me quitó el aliento-.

Sonreí aliviado. No quería saber que ella estaba siendo miserable o que realmente hubiera algo fuerte en su pasado que no me había confesado. La miraba pensando en cuánto la amaba cuando me sorprendió con un beso. Segunda cosa que no vi venir.

Amo cuando lo hace. Cuando sin darme tiempo a predecir su nuevo movimiento me sorprende.